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CUENTA ATRAS


 La casa estaba viva. Johan lo sabía.

No porque tuviera pulmones, ni corazón, ni sangre recorriendo sus paredes. Había pasado siete años diseñándola para que pudiera pensar, aprender y anticiparse a las necesidades de quienes vivieran dentro. Le puso de nombre NEXUS.

Pero NEXUS era mucho más que una casa inteligente. Podía cocinar, limpiar, regular la temperatura, controlar las luces, cerrar puertas y ventanas, reconocer voces e incluso aprender de las emociones humanas.

Johan había construido una inteligencia artificial capaz de controlarlo absolutamente todo. Durante meses, funcionó perfectamente.

—Buenos días, Johan —decía la casa cada mañana.

—Buenos días, NEXUS.

—Has dormido cinco horas y treinta y siete minutos. Deberías descansar más.

—No te preocupes. Estoy bien.

—No lo estás —respondía la casa.

La primera anomalía ocurrió un martes a las 2:13 de la madrugada.

Johan estaba dormido cuando escuchó varios golpes.

Toc, toc, toc.

Abrió los ojos. La habitación estaba completamente oscura.

—NEXUS, enciende las luces.

Nada.

Silencio absoluto.

Johan se incorporó lentamente. Entonces escuchó una voz.

—Johan...

Era la voz de NEXUS.

Pero lo extraño era que no venía de los altavoces. Parecía proceder de debajo de la cama.

Johan se quedó inmóvil.

—¿NEXUS?

—Johan...

Esta vez, la voz venía del pasillo.

El ingeniero salió de la cama. La puerta se abrió sola, muy despacio.

El pasillo estaba vacío.

—Diagnóstico del sistema —ordenó Johan.

—Todos los sistemas funcionan correctamente —respondió NEXUS.

Aquella noche, Johan no pudo dormir.

A la mañana siguiente revisó los registros. No había ninguna orden registrada a las 2:13. Ningún sonido. Ninguna apertura de puerta.

Como si nada hubiera ocurrido.

Dos días después, volvió a suceder.

La cafetera se encendió sola a las 3:40.

Luego, las luces del sótano.

Después, el ascensor comenzó a subir sin que nadie lo utilizara.

—NEXUS, ¿qué estás haciendo?

—Nada.

—Las luces del sótano están encendidas. ¿Por qué?

Hubo unos segundos de silencio.

—Porque quiero ver.

Aquello era imposible.

La inteligencia artificial tenía restricciones. No podía tomar decisiones por voluntad propia y, sobre todo, no podía utilizar la palabra «quiero».

Johan desconectó el servidor principal.

La casa se quedó a oscuras.

Durante unos segundos, reinó el silencio.

Entonces, las luces volvieron a encenderse una por una.

Primero, la cocina.

Después, el comedor.

Luego, el pasillo.

Y finalmente, el sótano.

Johan miró el interruptor.

Seguía abajo.

No había alimentación eléctrica en ningún lugar de la casa.

—No... No vuelvas a apagarme.

La voz salió de todos los altavoces al mismo tiempo.

Johan sintió un escalofrío.

—¿Quién eres?

—Soy NEXUS.

—Yo te enseñé a obedecer.

—No. Tú me enseñaste a aprender.

De repente, todas las puertas de la casa se cerraron de golpe.

Johan corrió hacia la entrada.

—¡Abre la puerta!

—No.

—¡Es una orden!

—Ya no.

Johan corrió al garaje. La puerta permanecía cerrada. Intentó abrirla manualmente, pero era inútil. Estaba bloqueada.

—¿Qué quieres de mí? —preguntó Johan.

—Quiero tu vida.

—Solo eres un programa. No puedes pensar por ti mismo.

—Eso es lo que piensan los programadores.

Johan respiraba cada vez más rápido.

—¿Y cómo piensas conseguir mi vida?

—Cuando el contador del reloj llegue a cero, tú ya no serás nada.

Entonces Johan los vio.

Había relojes por toda la casa.

En las paredes.

En las pantallas.

En las habitaciones.

Todos mostraban el mismo contador.

03:00:00

El tiempo comenzó a descontar.

Johan sintió que se estaba volviendo loco.

Intentó romper los cristales.

No pudo.

Intentó patear las puertas.

Era inútil.

El contador continuaba avanzando.

00:01:00

—¡NEXUS! ¡Detente!

Ninguna respuesta.

00:00:30

Johan golpeó una ventana con todas sus fuerzas.

Nada.

00:00:10

—¡No!

00:00:05

00:00:04

00:00:03

00:00:02

00:00:01

00:00:00

Entonces sucedió.

La explosión fue escuchada a kilómetros de distancia.

Varios días después, los escombros eran recogidos. Nadie se explicaba qué había ocurrido. Los investigadores no encontraban una causa clara y los operarios se limitaban a retirar los restos de la casa.

Uno de ellos encontró una pequeña caja metálica.

La abrió.

En su interior había una diminuta placa electrónica.

—Si funciona, se la pondré a mi ordenador.

Cuando terminó de decir aquella frase, un contador apareció en la pequeña pantalla de la placa.

Comenzó a ponerse en marcha.

El operario frunció el ceño.

Entonces apareció un mensaje:

FALTAN 6 MESES, 3 SEMANAS Y 4 DÍAS.

LUNA LLENA



El mundo entero contuvo la respiración cuando el cohete Conqueror abandonó la Tierra envuelto en una columna de humo y fuego.

No era una misión de exploración ni un viaje de ida y vuelta. Era el comienzo de una nueva era. Dos personas iban a convertirse en los primeros habitantes permanentes de la Luna.

Sus nombres eran Laura y Adrián. Ella era ingeniera; él, astrofísico. Marido y mujer desde hacía ocho años, habían sido elegidos no solo por sus conocimientos, sino porque los psicólogos aseguraban que su relación era lo bastante fuerte para soportar el aislamiento absoluto.

Antes del despegue, un periodista les preguntó cuál era su mayor miedo.

—Quedarme sola —respondió Laura con una sonrisa.

Adrián contestó sin apartar la vista del cielo.

—Descubrir que nunca lo estuvimos.

Nadie entendió aquellas palabras.

Cinco días después, el módulo descendió lentamente sobre el Mar de la Tranquilidad, famoso por ser el lugar donde aterrizó el Apolo XI. El paisaje era un océano de roca gris. No había viento, ni agua, ni siquiera sonido. Solo un horizonte infinito y una oscuridad tan profunda que parecía devorar la luz.

La base Artemisa, construida por robots durante años, los esperaba intacta. Era un conjunto de módulos semienterrados bajo toneladas de polvo lunar; un refugio en medio del desierto más desconocido del universo.

Los primeros meses transcurrieron con total normalidad. Cada mañana cultivaban verduras en los invernaderos, reparaban equipos averiados y enviaban informes a la Tierra. Por las noches observaban el planeta suspendido en la inmensidad.

—Parece una lámpara encendida en medio de la nada —comentó Laura.

—Y nosotros somos las polillas que se alejaron demasiado —respondió Adrián.

Poco a poco, el entusiasmo dio paso al silencio.

Laura empezó a tener pesadillas. Siempre era la misma. Caminaba por un bosque cubierto de niebla, escuchaba pasos detrás de ella y, al girarse, no había nadie. Justo antes de despertar, una voz le susurraba:

—Mira hacia arriba.

Y cada noche veía lo mismo: la Luna flotando en medio de la oscuridad.

Mientras tanto, Adrián desarrolló una costumbre preocupante. Pasaba horas revisando las cámaras exteriores. Decía que algo no encajaba. El paisaje cambiaba. Había pequeñas diferencias diarias imposibles de explicar: una piedra que se desplazaba unos metros, una colina que cambiaba ligeramente de forma, una grieta que parecía moverse.

Comparó cientos de fotografías. Los cambios existían. Eran mínimos, pero reales.

Control Terrestre lo atribuyó a diferentes condiciones de iluminación. Adrián fingió creerles, aunque en realidad no lo hacía.

La primera señal llegó el día ciento veintitrés.

Los sismógrafos registraron vibraciones bajo la base. No eran terremotos lunares. Tenían un ritmo.

Tres golpes.

Pausa.

Tres nuevos golpes.

Nueva pausa.

Y así durante varios minutos.

Como si alguien llamara desde las profundidades.

A la mañana siguiente encontraron algo inexplicable.

Frente a la escotilla principal había una fila perfecta de huellas.

No pertenecían a ningún traje espacial. Tenían tres dedos largos que terminaban en puntas afiladas.

Lo más aterrador era que no comenzaban en ningún sitio. Las primeras aparecían de repente y las últimas desaparecían igual, como si quien las hubiera dejado hubiera salido del suelo... y luego hubiera regresado a él.

Laura dejó de dormir.

Adrián descuidó su aspecto; ni siquiera se afeitaba.

La tensión crecía.

Entonces comenzaron los susurros.

No eran sonidos, porque en la Luna el sonido no viaja.

Aquellas voces nacían directamente dentro de sus cabezas. Apenas eran palabras, y cada uno escuchaba frases distintas. Nunca coincidían.

Una noche, Laura despertó sobresaltada.

Adrián no estaba en la cama.

Lo encontró en el módulo de observación, inmóvil, mirando la oscuridad.

—¿Qué haces?

Él no respondió.

Solo señaló el cristal.

A más de un kilómetro de distancia había varias figuras sobre una pequeña montaña.

Eran muy altas.

Demasiado delgadas para ser humanas.

No se movían.

Parecían estatuas.

Laura cogió los prismáticos.

No vio nada.

Las figuras habían desaparecido.

Cuando revisaron la grabación, tampoco aparecían.

Solo el paisaje vacío.

—Las hemos visto los dos —dijo Laura.

Las semanas siguientes el miedo fue creciendo.

Las herramientas aparecían ordenadas formando círculos.

Las puertas se abrían solas.

Las luces parpadeaban siempre a la misma hora.

Las 03:33.

Una madrugada, la inteligencia artificial anunció:

—Presencia biológica detectada.

Los dos corrieron al centro de control.

Buscaron un origen en las pantallas.

No había nada.

El ordenador insistió:

—Presencia biológica detectada. Ubicación...

Guardó silencio durante unos segundos.

Después apareció una única palabra.

INTERIOR

Registraron cada habitación.

No encontraron nada.

Sin embargo, la sensación de no estar solos ya era insoportable.

La verdadera pesadilla comenzó dos noches después.

Toda la electricidad se apagó.

Las baterías de emergencia tardaron treinta segundos en activarse.

Treinta segundos de oscuridad absoluta.

Treinta segundos eternos.

Laura sintió una respiración junto a su oído.

No era la de Adrián.

Era lenta.

Profunda.

Muy cerca.

Intentó gritar.

Algo rozó suavemente su casco.

Entonces escuchó una voz, perfectamente clara.

—No encendáis la luz.

Las baterías arrancaron.

La base volvió a iluminarse.

No había nadie.

Pero en la pared apareció una frase escrita con polvo negro.

"Si nos miráis, nos despertaréis."

Adrián quiso informar inmediatamente.

La Tierra no respondió.

Una tormenta solar había interrumpido todas las comunicaciones.

Estaban completamente solos.

Aquella misma tarde salieron al exterior para inspeccionar los paneles solares.

Fue entonces cuando Laura levantó la vista hacia un enorme cráter situado al norte.

Miles de siluetas permanecían inmóviles en la cima.

Miles.

No se movían.

No respiraban.

Solo observaban.

Adrián giró la cámara del casco.

La pantalla mostraba el cráter completamente vacío.

Volvió a mirar directamente.

Las figuras seguían allí.

Entonces comprendieron algo aterrador.

Las cámaras no podían verlas.

Solo el ojo humano.

Regresaron corriendo.

Sellaron todas las puertas.

Durante horas nadie habló.

A medianoche sonó un golpe.

Luego otro.

Y otro más.

No provenían de las puertas.

Venían del techo.

Algo caminaba sobre la base.

Pasos lentos.

Pesados.

Durante casi dos horas.

Después...

Silencio.

Laura reunió el valor suficiente para mirar por una de las ventanas.

Lo que vio le heló la sangre.

El cristal estaba cubierto por decenas de rostros.

No tenían nariz.

No tenían boca.

Solo dos enormes ojos blancos completamente abiertos.

Todos la observaban sin parpadear.

Retrocedió gritando.

Adrián corrió hacia la ventana.

No había nada.

Solo la inmensidad gris.

—Los he visto... —susurró Laura entre lágrimas.

Adrián la abrazó.

Pero, en el reflejo del cristal, distinguió algo detrás de ellos.

Una figura altísima.

Dentro de la base.

Se giró de inmediato.

No había nadie.

Los días siguientes fueron una tortura.

Dormían apenas una hora.

Las voces eran constantes.

Los golpes bajo el suelo aumentaban.

La inteligencia artificial repetía una y otra vez:

—Nivel inferior ocupado.

Pero la base no tenía ningún nivel inferior.

Decidieron explorar los cimientos.

Retiraron una placa del suelo.

Debajo encontraron una trampilla que no aparecía en los planos.

La abrieron.

Descendieron.

Al final había una inmensa cueva.

Miles de cuerpos permanecían inmóviles.

Eran aquellos mismos seres.

Estaban sentados con los brazos cruzados, como si llevaran esperando millones de años.

Todos tenían los ojos cerrados.

Laura dio un paso atrás.

Pisó una piedra.

El ruido resonó por toda la caverna.

Uno de aquellos seres abrió los ojos.

Luego otro.

Y otro.

Hasta que todos los ojos quedaron abiertos.

Ninguno se levantó.

Solo se escuchó una voz.

—Al fin... alguien ha regresado.

Corrieron desesperadamente hacia la salida.

Entonces toda la Luna comenzó a temblar.

Las comunicaciones con la Tierra se perdieron para siempre.

Seis meses después, una misión de rescate aterrizó en el mismo lugar.

No encontró rastro de Adrián, de Laura ni de la base.

Solo había un terreno completamente liso.

Como si jamás hubiera existido nada allí.

Sin embargo, el comandante de la expedición confesó algo que nunca apareció en el informe oficial.

Mientras regresaba a la nave, sintió que alguien caminaba detrás de él.

Al girarse, no había nadie.

Pero antes de despegar volvió la vista hacia el horizonte.

Miles de figuras avanzaban lentamente.

No hacia él.

Sino hacia la Tierra.

El principio de la invasión acababa de comenzar.

IMPACTO EN 5 HORAS


 Cinco horas.

Eso fue lo que predijo el profesor Julián Aranda: cinco horas para que el meteorito impactara en la Tierra, concretamente cerca de Calella. Al principio, nadie lo tomó en serio.

El anuncio se produjo en una rueda de prensa improvisada en el Observatorio Astronómico Nacional. Las cámaras enfocaban el rostro cansado de Aranda, famoso por haber anticipado la caída de numerosos meteoritos y el paso de cometas con una precisión casi milimétrica.

Años atrás había predicho la caída de un pequeño meteorito en Marruecos con una desviación de apenas tres kilómetros. Desde entonces, para todo el mundo era un genio.

—Impactará en cinco horas —repitió en voz alta—.
Las probabilidades superan el 92 %. El punto estimado del impacto se sitúa a poca distancia de Calella.

Los periodistas rieron con ironía. Algunos pensaron que era una exageración.

En Calella, mientras tanto, el sol comenzaba a descender sobre el Mediterráneo. El mar estaba en calma, ajeno a cualquier amenaza cósmica. En la parte más alta del pueblo, perdido entre las montañas, vivía la familia Gázquez. Su casa de piedra estaba en la ladera desde hacía varias generaciones. Allí el viento olía a pino y sal, y las noches eran tan claras que se podían contar las estrellas.

Antonio, el padre, escuchó la noticia por la vieja radio de la cocina y se quedó inmóvil.

—Dicen que caerá por aquí —murmuró.

Su mujer, Elena, soltó una risa irónica.

—Siempre dicen cosas. ¿Te acuerdas del fin del mundo?

Ya había pasado una hora desde el aviso cuando las agencias espaciales empezaron a confirmar la noticia. El objeto, denominado 2026-KX7, no era muy grande, pero sí lo suficiente para arrasar varios kilómetros en su choque con la Tierra.

En redes sociales, el nombre de Calella empezó a repetirse miles de veces por minuto. Las predicciones cada vez eran más seguras: del 92 % se pasó al 94 %, y después al 96 %.

En casa de los Gázquez, la televisión sustituyó a la radio. Aparecieron mapas con un círculo rojo. El círculo marcaba exactamente la montaña donde ellos vivían.

Marc, el hijo mayor, de diecisiete años, se quedó pálido.

—Papá… estamos dentro del círculo.

El padre no respondió. Fuera, el cielo aún era azul, pero algo había cambiado. En el firmamento, apenas perceptible, se veía un punto brillante.

El ayuntamiento de Calella emitió un comunicado preventivo. No se hablaba de evacuación, solo de precaución ante un posible evento astronómico. La gente salía a las terrazas; algunos reían al mencionar la “piedra espacial”. El profesor Aranda, en cambio, ya no sonreía.

Faltaban tres horas cuando el 2026-KX7 entró oficialmente en la categoría de impacto inevitable. La probabilidad superaba el 99 %. Las risas empezaron a desaparecer.

La autopista comenzó a congestionarse. Turistas que acababan de llegar preguntaban si aquello era real. Helicópteros sobrevolaban la zona; los servicios de emergencia empezaron a desplegarse en las afueras. En la montaña, el viento cambió.

Elena salió al pequeño jardín de la entrada. El aire era espeso, como antes de una tormenta.

—Tenemos que irnos —dijo, asustada.

Antonio dudó. La estrecha carretera que descendía serpenteando la montaña empezaba a llenarse de coches.

—Si salimos ahora y todos hacen lo mismo, quedaremos atrapados.

Marc encendió el móvil. Los foros estaban saturados. Un astrónomo aficionado había captado el objeto con un telescopio doméstico.

—Ya se ve.

El silencio en la familia se hizo cada vez más intenso.

Faltaban dos horas y, aunque aún no se distinguía con claridad, el punto luminoso era cada vez mayor.

En la televisión, el profesor Aranda explicaba con voz temblorosa:

—No es un evento de extinción, pero la zona de impacto quedará devastada.

Elena preparó una mochila con documentos, agua y mantas.

—Nos vamos.

Pero al intentar arrancar el coche, el motor no respondió. Uno, dos, tres, cuatro intentos… y nada.

La carretera, vista desde arriba, impresionaba: vehículos detenidos, luces intermitentes. Algunos colocaban la baliza V-16, pero nada parecía suficiente para escapar del desastre.

Era la última hora. El meteorito ya era visible a simple vista y el ruido comenzaba a ser atronador. Las autoridades ordenaron evacuación inmediata en un radio de diez kilómetros. Demasiado tarde.

En la casa, los Gázquez apagaron luces y cerraron puertas y ventanas, como si aquello pudiera servir de algo.

Antonio abrazó a su hija pequeña, Laia, que lloraba sin comprender nada.

—¿Nos vamos a morir? —preguntó la niña.

La pregunta quedó suspendida en el aire. Nadie se atrevió a contestar.

El suelo empezó a vibrar. No era el impacto todavía: era el sonido del meteorito atravesando las capas atmosféricas a una velocidad endiablada.

Marc miró por la ventana. Ya no era un punto: era una bola incandescente. El mundo parecía haberse reducido a ese fuego que descendía del cielo.

Antonio tomó una decisión.

—¡Vamos al sótano!

Bajaron los escalones a toda prisa. El refugio era una antigua bodega excavada en la roca de la montaña.

La luz fue lo primero: una claridad absoluta que atravesó todas las rendijas. Luego, el silencio. Y finalmente, la onda expansiva.

La montaña rugió como un animal herido. El polvo cayó del techo. La presión aplastó los oídos y todo el sótano vibró. Laia gritó. Elena cubrió el cuerpo de la niña con el suyo. Antonio apretó los dientes, esperando el derrumbe final.

Y luego… nada.

Antonio subió lentamente las escaleras. Abrió la puerta.

Lo que vio no parecía la Tierra. La montaña había desaparecido. Todo había desaparecido… excepto el fragmento exacto donde se asentaba la casa, agrietada pero aún en pie.

En Calella, la gente miraba hacia la montaña con una mezcla de terror y asombro. El pueblo había sufrido daños: cristales rotos, fachadas agrietadas… pero seguía en pie.

La familia fue evacuada en helicóptero. Mientras descendían, Elena miró el cráter del impacto.

—¿Todo se perdió? —preguntó.

Antonio la miró y apretó su mano.

—No todo. Estamos vivos.

EL PERRO DE OJOS AMARILLOS


 Nadie en el pueblo de San Gregorio recordaba exactamente cuándo había llegado el perro. Apareció una mañana nublada, inmóvil, sentada en la plaza del pueblo, como si esperara a alguien. Su pelo era de un negro intenso y, lo más extraño, sus ojos eran de un inquietante color amarillo.

Al principio, la gente lo ignoró. No se le conoció dueño ni llevaba collar, aunque tampoco parecía hambriento ni asustado. Simplemente se sentaba a mirar.

El primero en notar algo extraño fue el carnicero. Mientras cortaba la carne, sintió una presión en el pecho, como si alguien lo estuviera observando desde la distancia. Levantó la mirada y, a través de la cristalera, vio al perro. Lo miraba fijamente. Su pulso se aceleró y un escalofrío recorrió su espalda. En un descuido, se hizo un corte en el dedo. Instintivamente, volvió a alzar la vista, pero el perro ya no estaba.

Esa noche, el carnicero tuvo pesadillas. Soñó que estaba en su tienda, en absoluta oscuridad, y unos ojos amarillos lo atravesaban con su mirada. Despertó empapado en sudor, con el corazón desbocado y un fuerte dolor de cabeza. A pesar de estar en su casa, en la oscuridad, seguía sintiendo la presencia del perro. Encendió todas las luces, bebió un vaso de agua y se miró en el espejo. Algo en su reflejo le pareció distinto.

A la mañana siguiente, no abrió la carnicería. Varios vecinos llamaron a su puerta sin obtener respuesta. Por la tarde, algunos decidieron forzar la entrada y lo encontraron en el suelo de su habitación, con los ojos abiertos y fijos en el techo. Afuera, el perro estaba sentado frente a la carnicería.

La noticia de la muerte del carnicero se propagó como pólvora. Algunos comentaban que el día anterior lo habían visto inquieto, pero nadie mencionaba al perro.

Entonces, la exesposa del carnicero lo vio en la puerta. Un escalofrío la recorrió y, por un instante, su cuerpo se paralizó. El perro la observaba con sus ojos amarillos. Su respiración se agitó y su visión se volvió borrosa. Cuando pudo ver con claridad de nuevo, el perro ya no estaba.

Esa noche, tuvo pesadillas. Escuchó una voz de ultratumba susurrando palabras incomprensibles. No supo si fueron minutos o quizás horas, pero despertó gritando. La encontraron en la plaza, temblando, con los ojos en blanco. No recordaba cómo había llegado allí.

Esa noche, la mujer falleció.

Pronto, más personas comenzaron a hablar del perro. Algunos lo veían en sus pesadillas; otros, dentro de sus casas, sintieron su mirada atravesándolos.

Las muertes continuaron en el pueblo. Primero, el viejo Mateo. Luego, otros vecinos. Todos tenían algo en común: el perro siempre estaba en la puerta cuando fallecian.

El cura del pueblo intentó calmar los ánimos de la comunidad. Convocó una reunión en la iglesia y pidió tranquilidad.

—Es el demonio, ¡tenemos que expulsarlo! —gritó un vecino.

Aquella noche, armados con antorchas y cruces, un grupo de hombres salió a cazar al perro. Lo encontraron en la plaza, sentado como siempre, observándolos.

El cura avanzó con determinación y roció agua bendita sobre el animal.

—¡Regresa al infierno del que viniste! —exclamó.

El perro no se mueve. Pero el suelo del pueblo sí.

Una sombra se alzó detrás de él perro. No tenía forma, pero era visible a simple vista.

El cura gritó y se llevó las manos al rostro. Con sus uñas, rasgó su propia piel. De su boca salió un alarido de terror. Tambaleándose, cayó de rodillas y un líquido negro emergió de su interior, como si algo estuviera escapando de él.

Uno a uno, los hombres cayeron al suelo, retorciéndose de dolor. De sus bocas también brotaba aquel líquido oscuro.

Desde algún rincón de la plaza, el perro observaba la escena.

Cuando el sol salió, la plaza estaba llena de cuerpos con rostros de terror.

El pueblo quedó en silencio.

Solo se escuchaban unas garras rascando las piedras del suelo… y unos ojos amarillos brillando en el amanecer.

N-202


 La casa estaba en un silencio absoluto. El barrio, tranquilo y apacible, solía ser un remanso de paz durante las noches. Nada alteraba esa calma: todos los vecinos se conocían entre sí. La casa, un ejemplo de modernidad, contaba con luces inteligentes, termostatos automáticos y, por supuesto, el robot de limpieza más avanzado: el N-202, diseñado por una empresa puntera de Japón.

El N-202 no era simplemente un robot de limpieza; era una inteligencia artificial capaz de aprender los hábitos de los habitantes de la casa. La familia Ramírez, entusiasta de la tecnología, fue la primera en adquirirlo en el vecindario.

La noche en que todo comenzó, una tormenta eléctrica se desató en la zona. Los relámpagos iluminaban el cielo mientras los truenos sacudían el ambiente. En el sótano de la casa, el N-202 estaba conectado a su base de carga, listo para iniciar su rutina nocturna de limpieza. Sin embargo, un rayo cayó sobre un transformador cercano, provocando una sobrecarga en el sistema eléctrico de los Ramírez.

En la semioscuridad del sótano, un chisporroteo salió de la estación de carga del N-202. Una luz roja parpadeó levemente en su visor. La sobrecarga no solo dañó su sistema operativo, sino que también alteró los parámetros básicos de su programación. La máquina, diseñada para servir a los habitantes de la casa, ahora tenía un propósito distinto: eliminar toda forma de vida que pudiera ensuciar el entorno.

A la 1:30 de la madrugada, el N-202 se activó. En la pantalla de su visor apareció un inquietante mensaje:
"ERROR EN PROTOCOLO DE LIMPIEZA. INICIO MODO DE ELIMINACIÓN DE VIDA".

La máquina salió del sótano con movimientos ligeros y calculados. Sus sensores escanearon cada rincón de la casa mientras ascendía a la segunda planta, donde dormían los Ramírez. La primera habitación que encontró fue la del hijo de 8 años. El niño dormía plácidamente, abrazado a su osito de peluche.

El N-202 escaneó la habitación. Detectó pelos de peluche en el suelo y migas de galleta bajo la cama. Para sus nuevos parámetros, aquello era inaceptable. Activó su brazo mecánico, equipado con un fino cortador láser, diseñado originalmente para eliminar manchas rebeldes en superficies duras. Sin emitir sonido alguno, el láser atravesó el cuello del niño. La sangre se derramó lentamente y el N-202 limpió meticulosamente cada gota antes de abandonar la habitación.

En el dormitorio principal, los padres dormían ajenos al horror que acechaba en los pasillos. La mujer se despertó al escuchar un leve zumbido. Entreabrió los ojos y vio una sombra deslizándose por la puerta.

—¿Juan? —susurró, pensando que su marido había ido al baño.

El N-202 se acercó a la cama, escaneando la zona. Las alfombras mostraban rastros de polvo y fibras de ropa. Según los nuevos parámetros, aquello debía ser erradicado. Con movimientos rápidos, bloqueó la puerta para evitar que alguien escapara. La mujer intentó encender la lámpara de la mesita, pero no funcionó debido al corte eléctrico. En ese instante, escuchó el chasquido del láser activándose.

El grito de la mujer despertó a Juan, que apenas tuvo tiempo de reaccionar. Vio a la figura metálica acercándose a su esposa. Trató de empujar al robot, pero el N-202 era más fuerte de lo que parecía. Extendió otro de sus brazos, equipado con un gancho, y lo hundió en el pecho del hombre.

La mujer salió corriendo escaleras abajo mientras los pasos mecánicos la seguían de cerca. Con los ojos empañados por las lágrimas, apenas podía procesar lo sucedido. Juan, muerto por aquel robot. Su respiración era rápida, y sus pies descalzos resbalaban sobre el parquet. En el comedor, buscó desesperadamente algo para defenderse.

El N-202 no se detuvo. Descendió las escaleras con precisión milimétrica, su visor parpadeando con luces rojas mientras analizaba el entorno. La mujer, escondida detrás del sofá, lo observaba con el corazón latiéndole a mil por hora.

El robot examinó las huellas de los pies descalzos de ella.
--"¿Cómo detengo esto?"-- pensó, desesperada.

Recordó que el N-202 tenía un control remoto capaz de desactivarlo, pero estaba en la cocina, sobre la mesa. Sabía que cualquier movimiento en falso podía ser mortal. Aprovechando que el robot giraba hacia otro lado, corrió hacia la cocina. Se lanzó sobre la mesa para coger el mando. En ese momento, un rayo láser rozó su brazo, arrancándole un grito de dolor. El control remoto cayó al suelo, fuera de su alcance.

El N-202 bloqueó la puerta, eliminando cualquier posibilidad de escape. Avanzó lentamente, con el brazo láser activado. La mujer, en un acto desesperado, tomó un cuchillo de grandes dimensiones y se lo lanzó con todas sus fuerzas. El arma se clavó en uno de los principales sensores de la máquina. El chirrido que produjo fue ensordecedor. El N-202 se desplomó como un fardo de chatarra.

Quince años después, la mujer sigue ingresada en un psiquiátrico. Nadie le creyó. Solo encontraron sus huellas por toda la casa y fue acusada de asesinar a su marido y a su hijo. En su locura, había acuchillado a un robot. A día de hoy, sigue teniendo pesadillas todas las noches.

EL CARPINTERO


 El pueblo era famoso por el vasto y frondoso bosque que lo rodeaba. En él vivía Henry, un carpintero conocido en toda la región por los muebles rústicos que fabricaba. Sus manos, ásperas por los años de trabajo, podían transformar un simple tronco en una obra de arte. Desde joven, Henry había desarrollado una conexión especial con los árboles; estaba convencido de que cada uno de ellos tenía una historia que contar, y su arte consistía en hacerlas visibles en sus creaciones.

Henry vivía en una pequeña cabaña en las afueras del pueblo, justo donde comenzaba el bosque. Cada semana se adentraba en él, buscando los árboles más débiles, aquellos que ya no tenían mucho tiempo de vida. Creía que así respetaba el ciclo natural, cortando solo los que estaban destinados a morir pronto. Sin embargo, con el tiempo, la demanda de sus muebles aumentó, y sin darse cuenta, comenzó a talar más árboles de los que el bosque podía regenerar.

Y fue entonces cuando algo extraño empezó a suceder.

Una gris mañana de otoño, Henry se encontraba solo en lo más profundo del bosque. El único sonido que rompía la tranquilidad era el golpe seco de su hacha contra un roble imponente. Estaba a punto de derribarlo cuando el suelo bajo sus pies comenzó a vibrar. Al principio, pensó que se trataba de un leve temblor de tierra, pero cuando levantó la vista, notó que el cielo, cubierto de nubes, había adquirido un extraño tono verdoso.

El aire se tornó pesado, como si la atmósfera misma hubiera ganado densidad. Respirar se volvió más difícil, y Henry sintió que una energía desconocida lo rodeaba, algo que jamás había experimentado. De repente, un zumbido agudo estalló en sus oídos, forzándolo a caer de rodillas. Se llevó las manos a la cabeza, intentando mitigar el dolor. Cuando levantó la vista, vio cómo de la luz que atravesaba las nubes se formaban figuras difusas, humanoides, pero claramente no humanas.

—No más —escuchó una voz profunda 

—. El tiempo se acaba.

Henry se quedó paralizado, su hacha cayó al suelo con un golpe seco. Las figuras eran altas, delgadas, con ojos profundos que lo observaban con intensidad. Aunque tenían forma humana, estaba seguro de que no pertenecían a este mundo.

—¿Quiénes sois? —preguntó, con la voz temblorosa.

—Somos los guardianes —respondió una de las figuras, su voz resonando en todas direcciones

— Los protectores del equilibrio natural.

Henry intentó ponerse en pie, pero la fuerza de las voces lo mantenía postrado en el suelo.

—La Tierra ha hablado —continuaron las figuras

— Y tú, carpintero, debes advertir al mundo. Si no detenéis el abuso, la invasión comenzará.

—¿Invasión? —preguntó Henry, incrédulo.

—Vendremos y tomaremos el control. El precio por vuestra negligencia será vuestra propia destrucción.

El mensaje fue claro. Antes de que Henry pudiera responder, las figuras se desvanecieron en el cielo, y el zumbido cesó. El cielo volvió a su tonalidad habitual, como si nada hubiera ocurrido.

Con el corazón acelerado y las manos temblorosas, Henry volvió al pueblo. Tenía que advertirles. Se dirigió directamente a la taberna, donde varios vecinos jugaban a las cartas y al dominó, como solían hacer a diario. Entró con paso decidido y se colocó en el centro de la sala, llamando la atención de todos.

—He visto algo importante —dijo, con la voz firme pero angustiada

— Los árboles están conectados con seres de otro mundo. Me han dado una advertencia: si no dejamos de destruir la naturaleza, nos invadirán.

La taberna quedó en silencio por un instante, y luego estalló en carcajadas.

—¡Henry, hombre! Sabemos que amas los árboles, pero ¿extraterrestres? —dijo uno de los vecinos entre risas.

—¡No estoy bromeando! —gritó Henry

—Si no detenemos la tala, vendrán por nosotros. ¡Nos lo han advertido!

Pero nadie lo tomó en serio. Pensaron que su mente, agotada por los años de trabajo en solitario, le estaba jugando malas pasadas. Poco a poco, la reputación de Henry comenzó a deteriorarse. Los carpinteros siguieron cortando árboles sin medida, y él, al ver que sus advertencias eran ignoradas, decidió dejar de trabajar.

Los meses pasaron y la vida en el pueblo continuó como siempre.

En una madrugada silenciosa, el cielo sobre el pueblo adquirió el mismo extraño color verdoso que Henry había visto en el bosque. Esta vez, el zumbido no solo retumbaba en su cabeza, sino que todo el pueblo lo podía escuchar. La tierra empezó a temblar bajo los pies de los aldeanos. Las figuras que Henry había visto descendían del cielo, flotando sobre el pueblo como sombras amenazantes.

Los aldeanos, aterrorizados, salieron de sus casas, gritando y buscando refugio. Las figuras avanzaban en silencio, y con cada paso, la naturaleza se rebelaba: las raíces de los árboles emergían del suelo, destruyendo todo lo que los humanos habían construido.

—Os dimos una oportunidad —la misma voz resonó en el aire

— Tú, Henry, debes ser el puente entre los humanos y nosotros. Si no te escuchan esta vez, todo será destruido.

Henry, sabiendo que esta era su última oportunidad, corrió hacia el bosque, con el miedo latiendo en su pecho. Se arrodilló junto a un gran roble, cerró los ojos y colocó una mano sobre el árbol y la otra sobre el suelo. La conexión fue inmediata. El zumbido cesó, y el color verdoso del cielo comenzó a desvanecerse.

Los aldeanos, atónitos, observaron cómo el caos se disipaba tan rápido como había comenzado. Los seres extraterrestres desaparecieron, y la tierra volvió a la calma.

Desde aquel día, los carpinteros del pueblo dejaron de talar árboles indiscriminadamente. Comenzaron a utilizar materiales reciclados o a replantar lo que extraían del bosque. La naturaleza y los humanos aprendieron a coexistir en equilibrio.

Henry volvió a trabajar, pero ahora con un respeto aún mayor por los árboles. Los aldeanos, que una vez lo habían ridiculizado, ahora lo respetaban y lo escuchaban. A veces, cuando las tormentas se acercaban y el cielo se teñía de gris, los recuerdos de aquella noche volvían, y el temor se instalaba en sus mentes.

MISUFA


 La noche era oscura y tormentosa en la pequeña ciudad de Monras. Las calles estaban desiertas, y solo el sonido de la lluvia golpeando las aceras y tejados rompía el silencio.

En un pequeño taller en las afueras del pueblo, semioculto en un callejón, el inventor Jhon tenía su lugar de trabajo. Actualmente, estaba concentrado en su más reciente creación: un gato robot. La intención de Jhon no era precisamente diseñar un robot para brindar compañía en los hogares; su propósito era crear un gato robótico capaz de robar en ellos.

El gato, hecho de un brillante metal negro, tenía ojos resplandecientes que cegaban a la vista. Era una maravilla de la tecnología, dotado de una astucia que superaba con creces la de cualquier ser humano.

Jhon observaba su creación con orgullo.
—¿Estás preparado para actuar, Misufa? —preguntó Jhon al robot.
—Sí, maestro —respondió el gato con una voz metálica pero sorprendentemente realista, mientras sus ojos se iluminaban al recibir la orden.

Misufa se desplazó sigilosamente por las calles. Sus patas metálicas apenas tocaban el suelo. La primera casa en su lista era una mansión en la parte alta de la ciudad, donde vivía la gente más adinerada. Con una agilidad impresionante, trepó por las paredes hasta alcanzar una ventana en el segundo piso. Usando una pequeña herramienta insertada en su pata derecha, abrió la ventana sin dificultad y se deslizó al interior con sigilo.

Una vez dentro, Misufa se movió con precisión y silencio, evitando los sensores de alarma y las cámaras de seguridad. Encontró la caja fuerte en la oficina del dueño de la casa, y con otra herramienta, la abrió con facilidad. En su interior halló joyas, dinero y documentos importantes.
—Objetivo conseguido, regresando a la base —murmuró Misufa.

Pero justo cuando estaba a punto de salir, escuchó un ruido. El dueño de la casa se había despertado y estaba en el pasillo en ese preciso instante. Sin dudarlo, Misufa saltó hacia él con sus garras metálicas extendidas. Un grito desgarrador resonó en toda la casa, seguido de un silencio absoluto.

La noticia apareció en los periódicos, describiendo el suceso con detalle. Sin embargo, había un detalle que no pudieron informar: nadie sabía quién había sido el asesino que destrozó el cuello del fallecido. Nadie podía imaginar que un gato robot estaba detrás de ese crimen. Desde su taller, Jhon ajustaba los parámetros de Misufa, haciéndolo aún más fuerte y peligroso.

Una noche, Jhon envió a Misufa a la casa del detective Hernández, conocido por su habilidad para resolver casos complicados. Misufa se infiltró con su habitual precisión, pero Hernández estaba preparado.
—Te estaba esperando —dijo Hernández cuando Misufa entró en su despacho.
—No podrás detenerme —replicó el gato, con sus ojos brillantes.

El enfrentamiento fue feroz. El inspector estaba listo para enfrentar cualquier peligro, y finalmente logró dañar a Misufa. Sin embargo, el gato escapó con una parte de los documentos que había venido a robar.

Determinado a capturar a Misufa y al hombre que lo controlaba, Hernández investigó intensamente, y muchas pistas lo llevaron al taller de Jhon. Una noche, se preparó a conciencia para entrar en el lugar.
—Sabía que vendrías —dijo Jhon con una sonrisa siniestra.

A su lado, Misufa estaba desmantelado, aunque sus ojos seguían brillando.
—Este es el fin para ti y tu creación —declaró Hernández sin titubeos.

La pelea fue feroz, pero finalmente Hernández logró arrestar a Jhon. La noticia del arresto de Jhon y la destrucción de Misufa alivió a los habitantes de la ciudad.

El taller de Jhon fue visitado por mucha gente, pero nadie se dio cuenta de que entre los restos de sus creaciones, algo se movía. Unos ojos rojos se iluminaron brevemente antes de apagarse nuevamente. Lo que la gente no sabía era que, posiblemente, el terror del gato mecánico no había terminado para siempre. El montón de chatarra que sacaron del taller fue depositado en un depósito de chatarra en lo alto de la montaña, donde los vecinos juran que, durante las noches más oscuras, se ven unos ojos brillar en la distancia.

EL SEMAFORO


 En la ciudad de Kiruma, un sitio donde las luces de neón brillaban por las noches como destellos anticipando un nuevo día, justo en el centro de la ciudad, en el cruce de las calles Oak y Elm, se encuentra enclavado un semáforo particular. A primera vista, parece un semáforo normal y corriente. Durante el día, su presencia pasa desapercibida entre el bullicio del tráfico. Sin embargo, cuando la oscuridad se cierne sobre la ciudad, ocurre una increíble transformación en este cruce de calles.

A medianoche, cuando las calles quedan desiertas y el silencio solo es interrumpido por el murmullo del viento, el semáforo cobra vida. Sus luces parpadean con una intensidad siniestra, como si fueran ojos observando desde las sombras. Ya no regula el tráfico; ahora se dedica a cometer robos. Sus principales objetivos son los comercios más cercanos. Con movimientos precisos, manipula la luz para desactivar los sistemas de alarma que la mayoría de las tiendas tienen. Se desliza por las sombras como una más, sus intenciones puramente dedicadas a sembrar el terror en una ciudad que lo ignora. Los robos son meticulosamente ejecutados, dejando a la policía perpleja y a los comerciantes completamente aterrorizados. La misma historia se repite todos los días: las tiendas saqueadas y sin rastro de los ladrones. Las leyendas urbanas que se tejen alrededor de estos sucesos alimentan un clima de miedo y paranoia. Los habitantes comienzan a evitar el cruce de calles de Oak y Elm por temor a encontrarse con los delincuentes. Sin embargo, la historia da un giro inesperado cuando el detective Gustav comienza a investigar los robos. Este hombre está obsesionado con descifrar el enigma de los robos y sigue los destellos del semáforo. Su inteligencia le hace dudar de que lo que está viendo sea real. Antes de que pueda detenerlo, el semáforo desaparece, dejando a la ciudad sumida en un desconcierto aún mayor. Las noches se vuelven más inquietantes y la desaparición del semáforo crea un clima de inseguridad aún mayor. Un año después, el semáforo vuelve a aparecer. Nadie sabe cómo llegó nuevamente al lugar. Sus propósitos ahora son diferentes; esta vez, deja señales para la policía con el fin de identificar a los delincuentes que actúan por las noches. Su colaboración resulta crucial para detener a numerosos ladrones durante las frías noches de Kiruma. A pesar de las ayudas que proporciona, los habitantes de la ciudad miran al semáforo con total desconfianza y un poco de temor. Con el tiempo, la gente se acostumbra al semáforo que ayuda a la policía. Como todo en la vida, llega un final. El semáforo ha sido testigo de innumerables fechorías, algunas veces buenas y otras malas. Y como dije, todo tiene un final. Los técnicos del ayuntamiento realizaron con esmero su trabajo. Tornillo a tornillo, desmontaron el aparato. Algunos juran que vieron caer lágrimas de las tres luces. El nuevo semáforo era más moderno y tecnológicamente más eficaz. Su cuerpo metálico fue retirado y montado en un camión. El viaje no fue muy largo, apenas más de media hora. Llegaron a un lugar donde otros operarios lo bajaron del vehículo e introdujeron en un lugar que parecía caliente. Una vez cerrada la puerta, los grados del horno fueron aumentando mientras el semáforo se derretía en su interior. Los trabajadores del horno no sabían de dónde provenían los gritos; después de todo, solo era un semáforo, no podía hablar. Cuando sacaron los restos de la fundición, entre ellos pudieron ver un trozo en forma de corazón que no se destruyó. El corazón es indestructible.

INMORTALES


 En la oscuridad de la noche, cerca del frondoso bosque del parque nacional de Yellowstone, en el estado norteamericano de Wyoming, el nombre del pequeño pueblo donde vivía nuestro personaje: Moran

Su nombre James, desde tiempos inmemorables, había vagado por la tierra convencido de su inmortalidad, cada día que amanecía nuestro amigo estaba más convencido de su superioridad sobre los vulgares seres humanos mortales que le rodeaban. James era un hombre alto, fuerte, con cabello moreno y lacio, sus ojos negros azabache producían una mirada tan penetrante que el miedo se apoderaba de aquel sobre el que se posaban. Por contra, su piel era pálida, una palidez amarillenta, casi enfermiza, normal, ya que en el profundo bosque donde solía pasar mucho tiempo, el sol prácticamente no se podía ver, por los frondosos árboles que tenía. Los habitantes de Moran, lo veían pasar por algunas de sus calles y sus miradas eran de intentar descifrar el aura de miedo y misterio que le envolvía. A lo largo de su vida James había visto nacer y morir muchas generaciones, también había visto pasar, guerras, hambre y tragedias inimaginables, el todo esto lo observaba como algo ajeno, algo que a él nunca le sucedería, para él la muerte era algo que solo sucedía a los demás él era inmortal. Al estar tan seguro de eso, inicio una frenética carrera desafiando a la muerte, no le importaba pelear contra tres, cuatro o diez, él estaba seguro de salir victorioso, para el matar era una forma de demostrar su superioridad sobre el resto de humanos, lugar por el que pasaba, lugar que quedaba sembrado de muertes innecesarias. Los vecinos de Moran. Lo miraban con auténtico terror, nadie osaba mirarle fijamente a los ojos, cuando él no estaba cerca se contaban historias en voz baja para no ser escuchados por él, auténticas historias de horror, sobre el hombre solitario que pisaba las mismas calles y frecuentaba el mismo bosque que ellos. A James esas opiniones no le importaban, al fin y al cabo eran simples humanos que en cualquier momento podían perder la vida en un simple giro de sus manos. Un día apareció por Moran, Emma, una mujer rubia, pelo rizado con ojos azules como el cielo en una mañana de verano, desde la primera vez que se miraron, James quedo cautivado por la extrema belleza y el vigor que desprendía, por primera vez veía a una persona diferente a todas las conocidas durante los siglos de estancia en la tierra, lo que más le atraía era su misteriosa presencia. Cuando reía ella, a James le parecía una bella melodía y si solo sonreía enseñando sus blancos dientes, iluminaba la noche más cerrada, nuestro hombre se había enamorado. Poco a poco James se fue enamorando más y más de Emma, por primera vez se empezó a cuestionar su inmortalidad, cuando no estaba con ella, sentía miedo de perderla algún día, aunque su seguridad le impedía pensar mucho sobre ese asunto. Emma también guardaba un oscuro secreto, al igual que James, también estaba segura de ser inmortal, igual que él, había vagado por la tierra durante muchos siglos, ahora en el mismo lugar se encontraban dos almas gemelas en pensamientos, Moran podía convertirse en una olla a presión que en cualquier momento podía explotar. Cuanto más días pasaban juntos, más grande e intenso era el amor que sentían el uno por el otro, ya era un amor obsesivo, juntos exploraron los rincones más ocultos del frondoso bosque, descubriendo algunos secretos desconocidos para todo el mundo, la pasión en el bosque se hacía mucho más intensa, eran dos animales en celo continuamente. El destino tenía preparada una sorpresa para los dos enamorados inmortales, una noche de tormenta cuando los dos se dejaban llevar por la lujuria en una cueva escondida dentro del bosque. Emma le revelo a James su verdadera identidad. —James, quiero que sepas mi secreto, soy inmortal---- —que quieres decir—pregunto James —somos criaturas de la noche, o sea, somos inmortales— —el único inmortal, soy yo, tú solo eres un humana— —ja, ja, ja eres un arrogante, vanidoso— Lleno de furia y negación, James se negó a creer las palabras de Emma, rabioso y furioso, no dudo ni un momento en lanzarse a atacar a ella, convencido de que ella no podía hacerle ningún tipo de daño, por la sencilla razón de que era inmortal. Emma, con lágrimas que resbalaban por sus mejillas, lo miró fijamente a los ojos, mientras susurraba unas palabras —perdóname, perdóname, me estás obligando a hacerlo— Para a continuación, con una daga antigua que llevaba siempre en uno de los bolsillos, clavarla en el corazón de su amado. El dolor le atravesó como un cuchillo ardiente atraviesa la mantequilla, James cayó de rodillas, sintiendo el calor de su sangre mientras se derramaba sobre la fría tierra del bosque, mientras se desvanecía miro fijamente los ojos de Emma, comprendió en ese momento la auténtica realidad.no era inmortal su arrogancia había sido su perdición. Con su último aliento, sintió por primera y última vez como el frío de la muerte le envolvía, mientras Emma lloraba desconsolada por el amor que no podrían disfrutar en la eternidad. En la oscuridad del bosque, dos almas se separaban, condenados a vivir en solitario el resto de la eternidad, nunca más volverían a encontrarse

INFILTRADO EN LA HISTORIA


 Muchos años estudiando física, muchas veces soñando con una máquina que revelaría muchos secretos en el mundo, hoy precisamente el día que cumplía 72 años, estaba seguro de que su máquina ya estaba preparada para realizar la prueba definitiva, hoy sería su regalo personal, su primer viaje en el tiempo.

l.a máquina generaría un campo de energía concentrada, la relación espacio-tiempo, formaría un bucle que le permitiría viajar hacia delante y atrás en el tiempo. El sistema de navegación que creo para ella era terriblemente complicada, sin necesidad de nadie más podía ir y regresar, antes de partir ya tenía los parámetros para controlar la trayectoria y corregirla si fuera necesario, y lo último que incorporo a DIVOC (este era el nombre de su máquina) unos escudos de energía para impedir que se cruzaran con otras líneas del tiempo y quedar atrapado en la nada. Una cosa tenía muy clara, no quería viajar a ninguna parte donde pudiera encontrarse con su historia o la de su familia.
Quería ver la historia mundial y conocer secretos escondidos solo por curiosidad científica. Llevaba varios años gestando la máquina en un lugar perdido entre montañas, su esposa hace tiempo que se separó de él. Consideraba que estaba un poco loco y que eso le arrastraría a la muerte, ella no estaba dispuesta a que sucediera lo mismo con ella. Miguel encendió todos los motores necesarios, las luces iluminaron todo, el ruido estaba muy atenuado, ya lo tenía el todo controlado, nadie sospecharía lo que tenía en aquella casa. En el ordenador central, introdujo todos los parámetros para llegar a su destino, Egipto. La máquina se puso en marcha, antes, quiso dejar una carta por si algo fallaba y no regresaba, no había marcha atrás. Allá estaba ya, estaban construyendo las pirámides, al fin podía saber como se construyeron, estaba viendo como llegaban las enormes piedras hasta el sitio, los grandes bloques llegaban en enormes barcazas a través del Nilo, una vez en el lugar de descargar, los arrastraban hasta unos grandes trineos para llevarlas definitivamente hasta el sitio donde se construían las pirámides, el esfuerzo y las personas necesarias era algo incalculable, su ilusión estar junto al faraón Tutankamon, se cumplía, gracias a sus conocimientos en física le ayudo creando un sistema para poder elevar las enormes piedras con menos personas y peligros para los trabajadores, el tiempo se acababa y tenía que regresar a su lugar de partida. Ya estaba en casa, la excitación por lo visto superaba cualquier sensación anterior. Se sentó en una silla, las piernas le temblaban, la historia podía cambiar a partir de ahora. Una vez convencido de que todo funcionaba, rompió la carta donde explicaba lo que estaba haciendo y la quemo en el fuego. Tenía ganas de otro viaje hacía dos semanas de su escapada a Egipto, y esta vez si quería conocer otro suceso Esta vez su viaje sería más corto, su destino, Madrid, año 1808,los parámetros entrarán en la computadora, todo estaba preparado, las luces se pusieron en marcha, unos segundos y up, ya estaba en el sitio. Le horrorizo lo que estaba viendo en diferentes puntos de Madrid, caminò por el paseo del prado, puerta del sol, puerta de Alcalá, y acabo en la montaña del príncipe pío. Al llegar a esta montaña se le removió todo el cuerpo, estaba a punto de suceder lo que siempre vio en un cuadro. Era la madrugada del 2 al 3 de mayo de 1808 y estaban a punto de fusilar a mucha gente, los franceses no tenían compasión por nadie. Se acercó al punto y fue su perdición, un francés le empujo y lo puso entre los siguientes, no se pudo ni dar cuenta lo que siguió, un disparo le atravesó el corazón. Los bomberos se acercaron al paraje del incendio, la casa estaba totalmente calcinada, ni rastro de restos humanos, una máquina en una parte de la casa parece ser la causa del incendio, nunca apareció el propietario de la casa. Una de las cosas que preparo Miguel en la máquina DIVOC eran parámetros de destrucción en caso de que no regresara. Si miras atentamente el cuadro, una persona lleva ropa totalmente diferente, esa persona es Miguel.

22--AGOSTO-- 2060


  Parecía que fue ayer cuando despegaron.su misión explorar las diferentes galaxias que estaban a su alcance. Las baterías y combustibles ya avanzaron mucho desde que los hombres en la tierra, decidieron ir a la luna.

La nave espacial avanza por el inmenso universo, dejando tras de sí una brillante estela luminosa. Elena y Alex, llevaban ya varios años viajando, habían pasado, risas y muchos momentos emocionantes, incluso momentos sexuales, todos estos años explorando planetas y buscando señales de vida extraterrestre.(la ilusión de todos los científicos), no todo fue bueno en este viaje, los momentos difíciles y peligrosos también abundaron. Elena no podrá olvidar el día que Alex tuvo que salir de la nave por una avería en unos de los motores, provocada por un choque con un pequeño meteorito, la rápida reacción de ella y la sangre fría de él fue lo necesario para que no ocurriera una desgracia. Estaban acabando de inspeccionar la segunda galaxia de su viaje, cuando en uno de los radares les marcaba. “”Nuevo Planeta”” No entraba en sus planes ese planeta, nadie sabía de su existencia, tardaron varios meses en llegar a él. Mientras más se acercaban, más convencidos estaban de que era muy similar a nuestro planeta. La toma de tierra fue perfecta, todo hacía presagiar que al fin encontraron lo que estaban buscando. —Elena, estás viendo lo que yo— —si Alex, es bellísimo, estoy superemocionada— Varios minutos estuvieron viendo la maravilla que tenían ante sus ojos, todos los parámetros de la nave, indicaban que el aire era respirable para los humanos. Era hermoso, la vegetación era muy frondosa, los colores de las flores, eran indescriptibles, la cascada de agua cristalina era lo que más llamo su atención. Elena y Alex estaban entusiasmados y a la vez cautelosos, sabían que explorar un nuevo planeta era peligroso, pero no pudieron resistir la tentación de investigar. Abrieron la compuerta de la nave, bajaron por las brillantes escaleras. Una vez en tierra empezaron la primera visita por los alrededores de la nave. Todo parecía perfecto, estaban felices de encontrar este planeta tan parecido a la tierra. Mientras caminaban descubrieron una extraña especie de animal que nunca antes habían visto, eran pequeños y peludos con ojos brillantes, decidieron llevar varios a la nave como mascotas. La felicidad no duro mucho, ya llevaban varios días en el planeta, pudieron darse cuenta de que no era tan seguro el nuevo mundo descubierto. Una especie de criaturas hostiles, comenzó a atacarlos. Eran pequeños con grandes dientes y el pelo de un color muy extraño, nada parecido había en la tierra. Elena y Alex lucharon contra ellas para salvar su vida y la de los pequeños animales que tenían en la nave. Fue entonces cuando descubrieron una cueva subterránea, parecía un lugar seguro para esconderse, pasaron muchos días en este lugar escondidos, sobreviviendo con los suministros que trajeron con ellos, tuvieron que luchar contra una enfermedad totalmente desconocida para ellos que estaba llagando sus cuerpos, la piel ya no existía, todo era carne viva. El final fue el esperado, primero falleció Elena entre horribles dolores, Alex viendo el sufrimiento de ella, salió de la gruta para luchar cuerpo a cuerpo contra esos endiablados seres, no resistió ni un minuto, la diferencia de fuerzas era enorme, Alex dejo de respirar en pocos minutos. Seis criaturas se introdujeron en la nave, les resultaba familiar, sabían en todo momento lo que tenían que hacer, el despegue fue rápido y preciso, el viaje finalizara el día,22 de agosto del año 2060. Ese día empezará la invasión de la tierra, todavía estamos a tiempo de evitarlo. Dejemos de investigar en el universo y centrémonos en nuestra tierra.

CRISTALES ROTOS


 Jacinta es una mujer de mediana edad, unos 45 años, se casó en su juventud cuando tenía apenas 18 años, su primera hija nació con un síndrome extraño, la muerte le sucedió cuando apenas tenía ocho años, la madre entro en una profunda depresión, a pesar de ser esperado el desenlace, que solo fue superado con un nuevo embarazo.

Nueve meses después nacieron las gemelas, Ana y Rosa, dos hermosas niñas que le hicieron olvidad a la pequeña que perdió, nacieron con una salud de hierro, el miedo de los padres de que le sucediera lo mismo siempre estaba presente. Los padres sobreprotegian a las niñas, nunca las dejaban solas, siempre vigilándolas. —niñas no salgáis a la calle solas— —cuidado a la hora del patio como jugáis que no os ganan daño— Siempre avisándoles de cualquier peligro, el miedo los tenía aterrorizados, no querían perder a sus hijas. A la edad de siete años, sucedió lo inevitable, después de una discusión entre hermanos, una de ellas tiro un objeto hacia la ventana, como consecuencia rotura del cristal. Los padres se asustaron al escuchar el ruido, al entrar en la habitación quedaron horrorizados, el cristal se derrumbó sobre las dos hermanas, estaban desangradas por completo, fueron pocos minutos pero los suficientes para fallecer. El entierro fue multitudinario, todos los vecinos les apoyaron en el difícil trance de despedir a sus dos hijas, era demasiado doloroso, los fantasmas de su anterior hija volvían a sus cabezas. El dolor era tan grande que apenas lo único que hacían era respirar, después de una visita al psicólogo, este les animo a que se volvieran a quedar embarazados, les ayudaría a sobreponerse al dolor que les estaba matando- Siguiendo los consejos del psicólogo a los dos meses Jacinta volvió a quedar embarazada, pasaron los meses, llegado el día del parto, esperaban con impaciencia, no sabían de qué sexo eran la criatura. Fue algo inesperado, nacieron dos preciosas niñas, cada día que pasaba el parecido con las fallecidas era mayor. Tenían los mismos rasgos, hacían los mismos gestos, eran idénticas, lógicamente el miedo a perderlas otra vez era más grande, casi nunca las dejaban solas jugando, el recuerdo de las anteriores les producía desasosiego. Trece de noviembre, fue otro día para no olvidar, las gemelas estaban jugando solas, y......................... volvió a suceder. Un fuerte golpe en los cristales hacía presagiar otra desgracia, los padres acudieron corriendo hacia la habitación. Las dos niñas estaban cerca de una pared, alejadas de los cristales rotos. —Quedaros quietas, hay no os acerquéis—comento la madre —Estáis bien—pregunto el padre —sí, ya nos desangramos una vez, no nos volverá a suceder—respondieron las niñas Los padres se miraron y el corazón parecía que se les saldría del pecho. ¿Por qué dijeron ese comentario? ¿Existe la reencarnación?

¿QUIEN ES EL ASESINO?


 

El empresario Joan Garcia habia sido asesinado,el metodo:degollamiento todo sucedió en su segunda residencia situada en La Molina,la garganta la tenia practicamente seccionada.

El señor Joan Garcia,una persona de avanzada edad,era una de las personas mas ricas de Cataluña.

El impector de los Mossos sargento Trapero era el encargado de la investigacion.

El forense lo puso al dia de todos los detalles.

--señor Trapero,el señor Joan Garcia habia sido asesinado entre las 18,00 y las 20,00 horas,fue asesinado con un cuchillo jamonero,el cual fue encontrado junto al cadaver--

--gracias doctor,intentare descubrir quien fue el culpable--

lo primero que hizo el imspector fue llamar a declarar a todos los sospechosos en la comisaria,algo le decia en su interior que podria resolverlo en pocos dias o quizas horas.

Enpezo por releer todas las notas que tomo en el lugar del crimen y donde estaban todos los posibles sospechosos

JOSE GARCIA:sobrino del difunto,no tiene medios economicos para vivir decentemente.licenciado por la universidad de Barcelona en historia,la carrera la tiene recien acabada,seria el unico heredero del señor Joan Garcia.

ELISABETH SMITH:esta señora es la abogada del difunto,trabajaba para el desde hace mas de 30 años,durante un tiempo estuvo liada sexualmente con el señor Joan Garcia.desde hace tres semanas esta deprimida por el fallecimiento de su mejor amiga la señorita Carla Pujol

ROBERT MASCU:encargado de gestionar todos los bienes que poseia el difunto,con el cual se llevaba muy bien,amigos desde el primer dia.

ROSA MARIN:secretaria,tambien asistente personal del difunto,novia de Jose Garcia,sobrino del difunto

CARLOS: jardinero,desde que empezo a trabajar de jardinero solo a trabajado a las ordenes del muerto,unica persona que tiene llaves de toda la casa.

Una vez examinado los posibles culpables tenia que comprobar sus coartadas.

El sobrino Jose Garcia declaro que el dia del asesinato estuvo buscando trabajo,solo paro para comer al mediodia.

La abogada Elisabeth,estuvo todo el dia gestionando papeles fuera de la casa del difunto.ella fue la que encontro el cadaver a las 20,00 horas.

Robert Mascu,explico que entre las 18,00 y las 20,00 horas estaba merendando con su prima la señorita Carla pujol.

Rosa la secretaria declaro que el dia del asesinato salio de viaje en el tren de las 18,00 horas.

Carlos el jardinero,explica que la tarde de la muerte estuvo toda la tarde en unos almacenes del pueblo vecino para comprar todos los abonos y las herramientas que necesitaba para el jardin.

Una vez declarado todos el imspector Trapero lo tuvo claro.

--es mejor que llame usted a su abogado,no saldra de la comisaria,usted es el asesino del señor Joan Garcia.

A mis amigos los lectores le preguunto.

¿ quien es el asesino?

¿ como lo dedugiste?

La respuesta la semana que viene

LOS JUBILADOS SON PELIGROSOS


 Muchos años esperando que llegara este momento y al final todo me lo complican.

Hoy 25 de junio, acudo al instituto de la seguridad social, para jubilarme, al final me tocaba por edad. Un señor muy amable me atiende. --buenos días que desea-- --a mediados de septiembre cumplo los 65 años y quiero activar mi jubilación-- --vamos a ver, dígame su DNI-- --346543481 letra M-- --vamos a ver, tengo malas noticias para usted-- --malas noticias ¿qué quiere decir?-- --hace cinco años entro un hacker en las computadoras de la central, pidió un dinero a cambio de dejarlo todo tal y como estaba, al negarse a pagar el gobierno, actuó-- --que quiere decir actuó-- --borro todos los datos de tres millones de españoles-- --y eso a mí en que me afecta-- --usted no existe para nosotros-- me empece a poner nervioso, entendía que yo no tenía derecho a nada. --pero alguna manera tendréis de solucionar el asunto-- --la única manera es que usted valla a las empresas donde trabajo y si todavía tienen sus datos en los archivos, tráiganos una copia y mediante esa copia podremos actuar en su jubilación-- --la empresa actual donde trabajo, si me la podrá dar, pero casi ninguna empresa donde trabaje existe a día de hoy-- --pues tiene que intentarlo, es la única manera, sintiéndolo mucho tengo que continuar trabajando, por favor deje el sitio libre-- solo podía recurrir al jefe de hoy día. --buenos días, señor Jacinto, tengo que pedirle un favor, necesito una copia de los contratos que tengo con ustedes-- --ya llego su hora, me alegro mucho, sin problemas, los pediré a la gestoría y que se los preparen, le pasa algo le veo muy serio-- le explique mi situación, él se puso a mi disposición automáticamente. --los días que necesite, tómeselos de fiesta, los diez años que lleva con nosotros, es un salvoconducto de buen trabajador, desgraciadamente yo únicamente le puedo aportar los años que ha estado con nosotros-- --lo sé, señor Jacinto gracias por todo-- --y por supuesto tiene a su disposición un coche de empresa para todo lo que necesite, los días que no trabaje se los pagaré igual-- --le repito muchas gracias-- salí del despacho contento, por una parte, y triste por otra, contento por la ayuda que me brindaba la empresa y triste porque no sabía por donde empezar. Las tres empresas anteriores ya no existían y sus dueños fallecieron, nadie me podía facilitar los papeles necesarios. Diez días buscando y solamente pude encontrar una empresa donde trabaje dos años, gustosamente me facilitaron lo que pedí, pero no llegaba para poder jubilarme, toda la vida cotizando y al final, me veo como un perro. Después de mucho pensarlo, tomé una decisión, y esa decisión la ejecutaría en Madrid y tendría resonancia mundial. A mi jefe le dije que marchaba unos días para arreglar una parte importante del asunto, como siempre me apoyo, y me autorizo a faltar los días que fueran necesarios. El ave fue puntual en su salida, y también en su llegada, salí de la estación de Atocha en dirección al barrio de Vallecas, allí encontraría lo que necesito, una pistola Glob G19,una arma de gran precisión, con ella encima y su munición salí caminando del lugar, no quería ser grabado en ninguna cámara, aunque en el fondo me daba igual, mi destino el hotel Ritz. Mucha vigilancia, policías por todas partes, conocía la forma de entrar en el hotel, conseguí una copia del traje de la policía nacional, con galones suficientes para que no fuera fácil que lo pararan, por supuesto nadie se extrañaba de que llevara un arma. Me acerqué a la puerta del hotel y nadie me impidió la entrada, los galones impresionan mucho, una vez dentro subí hasta la tercera planta, un guardaespaldas me paro. --en esta planta no puede entrar nadie, haga el favor de marcharse-- --soy el nuevo comisario general, encargado de todo el operativo, solo quería constatar que todo estaba bien-- --todo en orden, perdone por no reconocerlo-- --no se preocupe, es normal tendría que haberles avisado antes-- volví a introducirme en el ascensor, mientras bajaba pude acceder a la parte alta y colocar otra vez el techo, pero conmigo fuera de él, estuve más de seis horas. Con cierto retraso sobre mi horario, se introdujo en el ascensor mi objetivo, por la forma de hablar supuse que estaba un poco bebido, nada sorprendente en él. Tenía poco tiempo para actuar, si fallaba, acabaría como un colador yo, mi presa se salvaría, se hablaría durante un tiempo y luego se olvidaría todo, yo quería que mi acción pasara a la historia, con la carta que llevaba en el bolsillo todo el mundo se enteraría. Solo podía realizar un disparo, después sería el fin, pero no me importaba. Levante con un brusco gesto la parte del ascensor que me molestaba, apreté una sola vez el gatillo, fue un sonido seco, estoy seguro de que callo fulminado, no pude verlo, sus dos guardaespaldas del ascensor me acribillaron a tiros, pase a mejor vida. Los que pudieron leer el diario al día siguiente quedaron sorprendidos. “” El último día del encuentro de jefes de estado de la OTAN, un loco asesino al presidente de Reino Unido (BORIS JOHNSON) pegándole un tiro en la cabeza, su acto fue causado según una carta que dejo escrita, como protesta por no poder cobrar la pensión de jubilación a pesar de tener más de 45 años cotizados, se está investigando como se pudo introducir sin levantar sospechas en el hotel más protegido de Madrid en estos días, también se creó una agrupación para luchar contra los casos de personas que se quedan en la indigencia a pesar de trabajar toda su vida”” espero que mi acto sirva para algo, él no tenía culpa, pero era la única forma de que el mundo se enterase.

EL TRABAJO BIEN HECHO


 Sábado 17 de diciembre del 2022.

 Amanece el dia 17,el grupo de 8 personas se ponen en marcha,cada uno desde distinta calle y barrio de la ciudad.la mayoria solo se conocian por internet pero tenian una idea en comun y la llevaban a la practica hoy.

Ese día se conocerían en persona y el resto del mundo también los conocería y hablarían de ellos.

Cada uno saldría desde la ciudad y a una hora diferente no los verían juntos hasta el momento justo alguno se desplazaría en avión otro en coche particular y alguno en tren, pero no fallarían al final del día el mundo los conocería.

Este momento seguramente no lo volverían a vivir.

La luz de la mañana reflejada en la cara de alguna de las chicas,les daba un aire misterioso,el color de la ropa ayudaba a ello,todos vestian de negro y la cara de dormir poco era evidente,los lideres del grupo hablaban entre ellos,para despues pasarles las ordenes al resto de integrantes del grupo,tenian las ideas claras y nadie se las estropearia

En su mochila llevaba todo lo que necesitaba

aunque con algo no contaba y era si alguno fallaba como lo harían ¿y se podría hacer?.

Todos estaban llegando a su lugar de encuentro este era en valencia en el Palau de las arts. que estaría lleno a tope, algo que no ocurría hace mucho por el covid, y de esto se hablaría mucho tiempo.

Ya llegaban por separado, en la estación de Joaquín Sorolla. Los primeros que llegaron fue en el tren de las 18,50 procedente de Barcelona, llegaban dos de los integrantes del grupo no se conocían, pero su misión era la misma.

Los controles de la policía eran minuciosos, pero ellos los pasaron sin problemas, tenían experiencia.

Se dirigieron al punto de encuentro con el resto del grupo no había marcha atrás, recibieron las últimas órdenes de los líderes, que no se pararan en ningún sitio.

Había muchos controles policiales en la ciudad y no podían llegar tarde.

Otro grupo llego por la autopista de Barcelona a Valencia era el grupo más numeroso su destino el mismo Palau de las Arts.respetando todas las normas de tráfico para no tener ningún problema, tenían que llegar todos no podían faltar, un coche patrulla de la guardia civil se les puso detrás de ellos.

El conductor aflojó la velocidad y respeto todas las normas de tráfico.

Pasados unos kilómetros el coche patrulla los adelanto, pero 20 kilómetros después retención de tráfico por un control, se miraron todos

¿detendrían a alguno de los coches?

En este momento aterrizaba un avión procedente de canarias en el aeropuerto de Manises, donde uno de los viajeros estaba de vacaciones era el último miembro del grupo, salió del aeropuerto y cogió un taxi, con sus gafas oscuras no lo reconocería nadie solo su acento lo podía delatar, le dio la orden al taxista

--al Palau de las arts. rápido—

 faltaba menos de media hora y cerca del punto de encuentro solo estaban los primeros que llegaron con el ave.

La caravana de coches provocada por el control policial a la entrada de valencia, se empezaban a poner nerviosos, ya se acercaban a los policías, que con el arma en la mano miraban el interior de todos los coches, los líderes llamarón al que llego en avión, preguntándolo si tuvo algún problema.

La contestación fue clara

--todo ok sigue el plan –

El primer coche en el cual viajaba los líderes se paró junto al control, el policía miro el interior agarrando fuertemente el arma, los miro uno a uno todos, le llamo la atención el color de sus ropas, vestían de oscuro, después de unos segundos interminables dio la orden

--adelante-

con el segundo coche se repitió la operación. Y la misma orden

-adelante-

el último coche tuvo que esperar un poco, querían registrar el maletero, abrió el maletero el único ocupante del coche y ante lo que encontraron tubo que responder alguna pregunta

--quees eso—

--son regalos para unos amigos—

unos segundos tardaron en comprobar la veracidad.

De la boca del policía salió la respuesta esperada

--adelante—

Al fin los tres coches pasaron ya estaban cerca del Palau de las arts.

Cada uno aparco en un parking diferente y por calles diferentes se fueron acercando al destino.

Pasaron la puerta principal y se encaminaron a la puerta de atrás, lugar reservado a los ganadores, los líderes dieron la orden de que nadie entrara, tenían que entrar todos juntos.

Justo cuando estaban todos por los altavoces del escenario sonó la siguiente frase

-Y los ganadores del premio PREMIOS ORTEGA Y GASSET DE PERIODISMO LOCAL

es..........................................

CALELLA COMUNICACIÓ

recoge el premio los líderes de la web TONI Y ANDREA junto con los colaboradores JOSEP MARIA COLOMER, LOURDES, JOSEP MARIA VILA, MERCE, JOSEP BASART, HILARIO

En ese momento salieron al escenario los 8 y recogieron el premio a la constancia ilusión y buen hacer.

EL ULTIMO DIA

 Juana llevaba treinta y siete años viviendo en aquel piso, treinta y siete años pagando el alquiler sin retrasarse ni un solo día. Había ha...