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TIEMBLA LA TIERRA


 No hay un sonido más engañoso que el silencio. Antes de aquel día siempre pensé que el silencio significaba paz. Ahora sé que también puede ser el instante en el que el mundo contiene la respiración antes de romperse.

Era un miércoles cualquiera, uno de esos días que parecen tan normales que no sabrías distinguirlos de cualquier otro. El cielo estaba despejado y el aire olía a pan recién hecho. La gente caminaba deprisa, preocupada por llegar al trabajo, por comprar el desayuno o por responder mensajes que, dentro de unas horas, ya no tendrían ninguna importancia. Yo era uno de ellos.

Recuerdo haber mirado el reloj. Recuerdo el café todavía caliente entre mis manos. Recuerdo pensar en cosas absurdas: unas facturas pendientes, la llamada que tenía que hacer y el libro que debía terminar esa noche.

Jamás imaginé que esos serían los últimos pensamientos de mi antigua vida.

Al principio fue un ruido. No un estruendo, sino un murmullo, como si las entrañas de la Tierra despertaran después de un sueño de miles de años.

Los vasos comenzaron a vibrar sobre la mesa. Las ventanas tintinearon. Algunas personas levantaron la cabeza, confundidas; otras siguieron caminando sin prestar atención.

Entonces el suelo respiró.

Primero fue un movimiento suave. Después otro más fuerte.

Y entonces llegó el infierno.

La calle comenzó a ondular como si estuviera hecha de agua. Los edificios crujieron con un lamento propio de un animal herido. Los postes eléctricos se balanceaban violentamente. Los coches saltaban sobre el asfalto y las personas caían unas sobre otras.

El aire empezó a llenarse de polvo incluso antes de que los edificios comenzaran a derrumbarse.

Escuché el primer grito.

Después otro.

Y después cientos.

Nunca olvidaré aquellos gritos. No eran simples voces. Era el miedo tomando forma humana.

Intenté correr, pero mis piernas no obedecían. El suelo me lanzaba de un lado a otro como si fuera una marioneta. Caí de rodillas. Las manos me sangraron al apoyarme.

Miré hacia arriba y vi cómo un edificio de diez plantas se inclinaba lentamente. Durante un instante pensé que resistiría.

Pero finalmente cedió.

Todo ocurrió como a cámara lenta. Los pisos fueron aplastándose unos contra otros. Los cristales estallaban en miles de fragmentos. El polvo cubrió el cielo.

Donde apenas unos segundos antes había oficinas, vida, charlas y risas, solo quedó una montaña de ruinas.

El ruido era insoportable: metal retorciéndose, alarmas sonando, motores rugiendo y cristales rompiéndose por todas partes.

Personas llamando a sus hijos. Madres gritando nombres. Niños llorando.

Algunos rezaban.

Otros maldecían.

Y todos, sin excepción, pedían ayuda.

Yo también quería gritar, pero mi garganta estaba seca. No salía ningún sonido.

Corrí sin saber hacia dónde. Solo quería alejarme, pero no existía ningún lugar seguro. El suelo seguía sacudiéndose. Los semáforos caían. Las fachadas se desprendían. Cada paso podía ser el último.

Vi a un hombre abrazado a un árbol como si pudiera salvarlo.

Vi a un perro ladrando desesperado frente a una montaña de escombros donde, apenas un minuto antes, estaba su casa.

Entonces vi a la niña.

Tendría unos siete años. Permanecía completamente inmóvil, sujetando un muñeco de tela azul. Miraba a su alrededor con unos ojos tan abiertos que parecía incapaz de comprender lo que estaba sucediendo.

Su madre corría hacia ella.

La vi extender los brazos.

La niña hizo lo mismo.

Y, justo en ese instante, una enorme cornisa cayó entre las dos.

Todo desapareció bajo una nube de polvo.

Corrí.

No sé por qué. Quizá porque aún quería creer que podía hacer algo.

Cuando llegué apenas podía respirar. El polvo era tan espeso que apenas distinguía mis propias manos.

Comencé a retirar piedras.

Las uñas sangraban.

No importaba.

Seguí cavando hasta que encontré una mano diminuta.

La agarré con todas mis fuerzas.

Era ella.

Y estaba viva.

Tenía la cara cubierta de sangre y polvo. No dejaba de llorar.

Solo repetía una pregunta:

—¿Dónde está mi mamá?

Yo solo pude abrazarla.

Los dos temblábamos.

Las réplicas comenzaron pocos minutos después. La gente volvió a correr. Algunos edificios seguían cayendo. Parecía que la Tierra aún no estaba satisfecha.

El sol desapareció tras una inmensa nube gris.

Era mediodía, pero parecía de noche.

Encontramos refugio en un parque donde cientos de personas permanecían reunidas. Nadie hablaba. Todos miraban sus teléfonos esperando noticias de sus familiares.

Había niños solos, ancianos completamente desorientados. Algunos lloraban. Otros permanecían inmóviles, con la mirada perdida.

Era como si el cerebro se negara a aceptar tanta destrucción.

Cuando cayó la noche apareció un miedo diferente.

La oscuridad.

No había electricidad. Solo pequeñas linternas y el sonido lejano de las sirenas.

Cada ruido hacía pensar en una nueva réplica.

Nadie dormía.

Entonces comenzaron a escucharse voces bajo los escombros.

Los equipos de rescate trabajaban sin descanso.

El silencio era obligatorio.

Todos conteníamos la respiración porque cualquier sonido podía ocultar una voz pidiendo ayuda.

Nunca olvidaré aquel momento.

Había cientos de personas completamente calladas.

Ni un niño lloraba.

Ni un perro ladraba.

Solo el viento soplaba.

Pasaron dos días.

Luego tres.

Vivíamos esperando noticias.

Esperando milagros.

Yo seguía junto a la niña.

Su nombre era Sofía.

Cada mañana me preguntaba si encontrarían a su mamá.

Y yo siempre respondía lo mismo:

—Siguen buscando.

Al cuarto día encontraron el cuerpo de su madre.

No fui capaz de decirle nada.

Fueron los rescatistas quienes hablaron con ella.

No gritó.

No corrió.

Solo cerró los ojos.

Aquello me destrozó mucho más que cualquier lágrima.

Porque comprendí que algunas personas lloran con los ojos...

...y otras lo hacen con el silencio.

La vida ya nunca volvería a ser la misma.

TERREMOTO


 

El reloj marcaba las 4:00 de la mañana cuando la tierra rugió.
No fue un temblor cualquiera de esos que apenas se sienten; no, esta vez el ruido fue un crujido monstruoso, como el rugido de un gigante que despierta. Las paredes vibraron y, en cuestión de segundos, la ciudad se convirtió en un laberinto de gritos, polvo y ruinas.

Martín y Almudena dormían profundamente en su apartamento del cuarto piso. Aunque como pareja no atravesaban su mejor momento, el miedo primitivo los unió de forma instantánea. Martín despertó con la primera sacudida y apenas tuvo tiempo de gritar el nombre de Almudena antes de que el techo se les viniera encima.

El silencio que siguió no era normal. Solo el lento caer del polvo y el derrumbe de edificios rompían el amanecer.
Almudena no podía ver. Su cuerpo estaba atrapado, medio enterrado bajo lo que alguna vez fue la pared del dormitorio. Intentó moverse, pero un dolor punzante en la pierna le arrancó un grito: no podía sentir los dedos del pie.

—¿Martín? —apenas pudo pronunciar el nombre.
Nada. Solo oscuridad y el eco de su voz rebotando entre los escombros.

De pronto, un gemido. Luego, la voz de Martín, apenas en un susurro:
—Aquí... estoy aquí...

Almudena sintió desfallecer al oírlo. No sabía si era por alivio o terror: alivio de no estar sola o terror por lo que pudiera encontrar al otro lado de los escombros.
Martín estaba atrapado boca arriba, con una viga apoyada sobre su abdomen. No podía respirar bien. Apenas podía ver por el polvo, y cada segundo le parecía una eternidad.

Almudena gateó como pudo hacia la voz, con los dedos sangrando al escarbar entre trozos de ladrillo y yeso. El calor era insoportable, como si estuviera en el mismo infierno. El polvo se mezclaba con el sudor de su rostro. El silencio no era total: a lo lejos se escuchaban gritos, llantos, sirenas... y ladridos. Sí, ladridos de los perros de rescate.

Thor, un pastor belga entrenado para el rescate, era más certero que cualquier tecnología. Su olfato e instinto lo guiaban como una brújula hacia los corazones que aún latían bajo los escombros. Corría entre las ruinas de las casas, ladrando con fuerza, las patas llenas de polvo y sangre por pequeños cortes. Olfateó el aire cargado de polvo, se detuvo en seco, ladró aún más fuerte y comenzó a rascar la tierra desesperadamente.
Almudena lo oyó.

—¡Martín, un perro, un perro! —exclamó.

Pero Martín no respondió. Su respiración se hacía cada vez más lenta. Almudena sintió miedo ante el silencio por respuesta.

—¡Aquí, estamos aquí! —gritó desesperada.

En medio del caos, uno de los rescatistas oyó los ladridos insistentes de Thor y corrió en esa dirección. Empezó a escarbar, guiado por los ladridos frenéticos del perro.

—¡Ayuda, hay alguien aquí abajo! —gritó el rescatista.

Sus voces se mezclaban con los ladridos incansables de Thor.

—¡Hay una mujer viva! —volvió a gritar.

Almudena apenas podía hablar: tenía la garganta seca como el polvo que la cubría.

—¿Estás sola? —preguntó el salvador.

Almudena negó con la cabeza y, con dificultad, señaló la dirección donde estaba Martín.

—Mi marido... está atrapado —logró decir.

Un rescatista más delgado se introdujo por una abertura, preparado para ello, linterna en mano. Alcanzó primero a Almudena y logró sacarla tras varios minutos de esfuerzos; luego, hicieron lo mismo con Martín.

Una vez afuera, Thor lamía las heridas de ambos.
Fue una experiencia que jamás olvidarían. Desde entonces, cada año celebran dos cumpleaños.

EL PAJARO PERTURBADO


 Desde tiempos inmemoriales, la leyenda de El Pájaro Perturbado era conocida en los pequeños pueblos del interior de la península.

Se decía que un ave negra como el carbón, de ojos rojos y un poder maligno, tenía la capacidad de traer desgracia con tan solo posarse sobre una casa. Nadie sabía de dónde venía ni por qué su sola presencia desataba la tragedia, pero una cosa era segura: cuando su silueta oscura se recortaba en el tejado de un hogar, la felicidad y la paz desaparecían para siempre.

El pequeño pueblo de San Rafael vivía en armonía. Sus habitantes, gente sencilla y trabajadora, se dedicaban a las labores del campo y la ganadería. Las casas de piedra y madera rodeaban una antigua iglesia situada en el centro de la plaza. Sin embargo, aquella tranquilidad estaba a punto de romperse.

Una tarde de noviembre, mientras el sol se ocultaba tras las montañas, un anciano del lugar fue el primero en ver al siniestro pájaro. Estaba inmóvil sobre la veleta de su casa, tan negro como el hollín. Lo observó con una mezcla de curiosidad y temor, pues desde niño había escuchado historias sobre El Pájaro Perturbado.

A la mañana siguiente, el pueblo despertó con una noticia aterradora: el anciano había sido hallado muerto en su cama. Sus ojos abiertos reflejaban un horror indescriptible, y su rostro estaba congelado en una mueca de espanto. Nadie podía explicarlo; era un hombre fuerte y saludable. Pero lo que más inquietó a todos fue lo que ocurrió después. Sus hijos, antes unidos, comenzaron a pelearse por la herencia con una furia inhumana. Se acusaban mutuamente de haber envenenado a su padre. Gritos, golpes y amenazas rompieron la calma del pueblo.

Esa misma noche, alguien vio al pájaro posado sobre el tejado de la familia Márquez. Hasta ese momento, aquella era una familia numerosa y feliz, pero la llegada del ave marcó un cambio drástico. María, la madre, empezó a acusar a su esposo de tener una amante. Los hermanos, que siempre habían estado unidos, comenzaron a odiarse entre sí. El más pequeño, Tomás, desapareció sin dejar rastro. Su cuerpo nunca fue encontrado, pero en el pueblo se decía que había sido asesinado por uno de sus propios hermanos.

A partir de entonces, cada vez que alguien veía al pájaro posarse sobre una casa, el miedo se extendía como una sombra. Las disputas se intensificaban y el odio consumía a las familias. Algunas casas ardieron en misteriosos incendios; en otras, los asesinatos marcaron su historia. Pero lo peor era que el pájaro no parecía tener intención de marcharse.

Desesperados, los habitantes acudieron al viejo sacerdote del pueblo. Él también conocía la leyenda y sabía que no se trataba de un simple animal. Según los relatos más antiguos, el pájaro era la reencarnación de un hombre cuyo rencor y envidia lo habían condenado a vagar eternamente, destruyendo la felicidad ajena.

El sacerdote propuso un plan: cuando el ave se posara sobre una casa, todos los hombres del pueblo se reunirían para atraparla y matarla.

Esa noche, sin luna, el pájaro apareció en la casa de los García. Un vecino lo vio y alertó a los demás. Armados con redes, palos y cuchillos, los hombres rodearon la vivienda. El pájaro permanecía inmóvil. Cuando el primero de ellos se acercó con la red, el ave soltó un chillido escalofriante. En ese instante, una fuerza invisible sembró la discordia entre los hombres: comenzaron a discutir, los insultos se convirtieron en golpes, y los golpes, en asesinatos. Al amanecer, solo uno de ellos seguía con vida.

Juan, el herrero del pueblo, había logrado resistir la influencia maligna del pájaro. Con la mente fría, alzó un hacha y la lanzó con todas sus fuerzas. La hoja atravesó el cuerpo del ave, partiéndolo en dos.

El pueblo quedó en silencio. Los cadáveres de los hombres yacían por todas partes… todos, excepto el del pájaro.

Por un tiempo, San Rafael volvió a la calma. Las familias supervivientes intentaron reconstruir sus vidas. Pero un día, Juan comenzó a sentir pensamientos oscuros. Sus discusiones con su esposa se volvieron violentas, como si algo dentro de él estuviera creciendo.

Una noche, ella despertó y lo vio sentado en la oscuridad. Sus ojos brillaban con un rojo incandescente.

El Pájaro Perturbado nunca había muerto. Solo había encontrado un nuevo cuerpo. Y la maldición… continuaba.

TODOS CON VALENCIA


 Hoy estamos frente al televisor, asustados y enfadados por la pérdida de más de 200 personas (un número que tristemente sigue en aumento). Eran personas como cualquiera de nosotros, sin distinción de clases sociales, que han sido arrancadas de nuestras vidas por la tragedia que han traído las lluvias.

Nos duele profundamente, porque estas pérdidas no son solo obra de la naturaleza; son también resultado de la desidia política, desde la derecha hasta la izquierda, pasando por el centro. Son la consecuencia del abandono de quienes debían protegernos, pero hoy solo buscan excusas para lavarse las manos y desentenderse (nunca mejor dicho) de los muertos.

Mientras nuestras calles permanecen llenas de lodo y ruinas, los políticos, cómodos en sus oficinas (sí, todos ellos), se desentienden. Esto sucedió en Valencia, pero podría haber ocurrido en cualquier otra región: Cataluña, Andalucía, Aragón, Navarra… Podría seguir hasta nombrar todas las comunidades autónomas, e incluso Ceuta y Melilla.

Los políticos nos dejan solos en nuestro sufrimiento, y el dolor se acentúa cuando nos damos cuenta de que, para ellos, solo somos una estadística o, de vez en cuando, un voto. Juegan con el tiempo, confiando en que todo se olvidará.

Sin embargo, entre tanto dolor, hay un rayo de esperanza: la solidaridad de las personas de otras ciudades y pueblos. Mientras las instituciones miran hacia otro lado, han sido los ciudadanos comunes  quienes han enviado agua, alimentos y apoyo económico a través de asociaciones locales y nacionales. Son ellos, no los políticos, quienes han demostrado que la compasión y la empatía están por encima de la burocracia y de la indiferencia de la clase política.

Este apoyo demuestra que aún existe una humanidad dispuesta a ayudar al prójimo. Sin embargo, debemos alzar la voz y decir alto y claro que esto no debería recaer sobre los hombros del pueblo; esta es responsabilidad de quienes nos gobiernan. No estamos pidiendo caridad, estamos exigiendo justicia.

Justicia para quienes fallecieron y para quienes lo han perdido todo. Es indignante que, mientras la solidaridad del pueblo se organiza, quienes debieron haber actuado antes ahora se limitan a lanzarse acusaciones, sin preocuparse de lo que realmente está sucediendo.

Hubo advertencias de que esto podía ocurrir, pero fueron ignoradas, y mientras tanto, no se hizo nada para evitar que nuestros pueblos y ciudades quedaran expuestos a la furia del agua.

La incompetencia y la indiferencia son inaceptables. Ya no bastan las palabras de consuelo ni las visitas rápidas de políticos buscando una cámara o una foto. Esta tragedia no puede volver a repetirse; la vida y los hogares de los ciudadanos deben estar protegidos. No queremos que esto pase nunca más. Necesitamos que, desde el lugar de poder, alguien golpee la mesa y diga “¡Basta!”

A la gente que ha perdido a un ser querido o que ha visto su casa destruida, le digo que no está sola. Que el grito del pueblo resuene hasta que quienes tienen el poder de cambiar las cosas actúen.

TODOS CON VALENCIA

EL VIGILANTE


 Las luces de neón eran habituales en las noches de fin de semana, la música solía retumbar como un pequeño terremoto, incluso el suelo temblaba de la cantidad de watios de sonido que emitían los gigantes altavoces. El nombre lo decía todo “Discoteca Tsunami”.

Cuando empezaba a entrar la noche, la fila de jóvenes que esperaban para entrar parecía infinita, los que se encontraban en la cola, estaban deseosos por entrar, los que ya habían entrado bailaban frenéticamente al ritmo de la música electrónica que pinchaba el DJ. Controlando entre la multitud, se encuentra David, un joven de aspecto serio que durante su trabajo raramente sonreía, llevaba ya en esta discoteca varios meses trabajando. Para mantener la seguridad y el orden dentro del local, aunque su trabajo a veces era ingrato, David siempre se esforzaba por mantener la calma en situaciones límites. La noche avanzaba sin apenas ningún incidente importante, el vigilante salió del interior del establecimiento, para controlar la zona del parking. El estruendo fue ensordecedor, el edificio tembló todo. La explosión retumbó desde el interior, seguido de gritos de pánico, era interminable el sonido de cristales rotos. David rápidamente se dirigió hacia el interior de la discoteca, esquivando a los heridos que salían por su propio pie, su misión en este momento era sacar a los heridos que no podían salir por sí mismos. Cuando llego al centro del desastre una densa cortina de humo y polvo impedía una visión correcta de la situación, las alarmas de emergencia rompían el silencio de la tragedia. Entre los escombros, David vislumbro la silueta de una chica inconsciente en el suelo, bajo una columna derrumbada. Con un impulso de valor, David se acercó a la chica, apartando todos los escombros que tenía sobre ella, apartándola de los restos que seguían cayendo todavía. Una vez la joven estaba a salvo, el vigilante se giró para intentar ver alguien más que necesitara ayuda, avanzo dos pasos, no pudo avanzar más, una nueva columna se desprendió del techo cayendo sobre él, aplastando su brazo, con un ruido ensordecedor, a pesar del dolor David se negó a rendirse, con las únicas fuerzas que le quedaban consiguió quitar todo lo que le cayó encima, se dirigió de nuevo a la chica para sacarla del infierno que se había convertido la discoteca. Una vez fuera de peligro, evaluó el desastre, la discoteca era un caos total, la explosión dejo heridos y personas atrapadas entre los escombros. Con el brazo roto y una fuerte sensación de dolor, siguió ayudando a los heridos, las ambulancias y policías no tardarían en llegar, intento tranquilizar a los más histéricos, y puso algún torniquete a quien lo necesitaba. Finalmente, llegaron los servicios de emergencia, con equipos de ayuda profesional. A medida que la noche llegaba a su fin, el caos disminuía lentamente, la discoteca unas horas antes llena de vida y música ahora era un montón de ruinas, gracias al coraje y determinación de David y otros anónimos ayudantes, se evitó una tragedia todavía mayor. En los días siguientes la historia del vigilante corrió como la pólvora, su cara salió en muchos medios, fue elegido como héroe, su brazo se sanó y pudo continuar trabajando. Después de la noche del desastre de la discoteca Tsunami, la vida de David cambio mucho. Nunca podrá olvidar el miedo de aquellos atrapados entre los escombros, la angustia de los heridos y la desesperación de los que buscaban a sus amigos. Con el tiempo la vida volvió a la normalidad, la discoteca Tsunami volvió a abrir sus puertas, aunque la sombra del desastre nunca se olvidara en las mentes de aquellas personas que habían sido testigos del desastre. La noche de la reapertura, las luces brillaban con un brillo renovado y la música volvía a resonar en el aire. El alcalde habló para todos, igual que el dueño de la discoteca, pero las palabras más esperadas eran las de Eva; este era el nombre de la chica que el vigilante salvo. —David, no hay palabras suficientes para expresar mi gratitud por lo que hiciste por mí esa noche, eres un héroe, siempre te estaré agradecida— No pudo continuar la chica, las lágrimas le resbalaban por sus mejillas, igual que por las de muchos recordando la tragedia. David volvió a su trabajo, todo el mundo le llamaba el héroe del Tsunami, pero él solo quería olvidar ese desgraciado día, donde no pudo salvar a más personas.

112 . EMERGENCIAS DIGAME


 Juan, cuando pudo se sacó el carnet de conducir, el B como la mayoría de jóvenes, con el tiempo le empezó a llamar la atención las ambulancias, se informó de lo necesario, el carnet ya lo tenía, después realizó un curso de formación en servicios de emergencia médica, consiguió certificación en RCP (reanimación cardio pulmonar y primeros auxilios) al principio su pericia al volante no era mucha, con el tiempo se fue acostumbrando y lo que más fácilmente supero fue el trabajar con presión en situaciones de emergencia.

Casi cuarenta años conduciendo la ambulancia le da para contar historias y alegres y tristes, justo en este momento las va recordando. De las historias más tristes está la de Antonio, un compañero. —emergencia en la AP7 a su paso por Salou, choque frontal de dos vehículos, varios heridos graves y como mínimo dos muertos— Antonio aceleró su ambulancia, mientras comentaba con su compañero. —Sábado de madrugada, choque frontal, seguro que serán jóvenes— Al llegar al lugar del accidente, bajaron aceleradamente de ambulancia para ayudar a los heridos, la cara del que le toco ayudar a él le sonaba, cuando le pregunto se le aclararon las ideas. —creo que te conozco— —si soy Andrés, amigo de su hija— —estaba con vosotros ella—pregunto Antonio El chico no le contesto, con su mirada señalo un cuerpo que estaba tapado por una manta térmica. Antonio se acercó, destapo ligeramente la cara del fallecido y.............. efectivamente era su hija. Desde entonces su amigo lucha por encontrar consuelo y sentido en la vida, entro en depresión y nunca más se incorporó al trabajo. También tiene un recuerdo para Maria, una conductora de ambulancias, que muchas veces iba con la misma que Juan. Esta mujer parecía de acero, a pesar de encontrarse en situaciones desgarradoras casi todos los días, parecía que nada le afectaba, aunque la procesión iba por dentro, con el tiempo acabo con problemas mentales que la dejaron emocionalmente agotada y luchando por recuperarse, finalmente abandono el servicio y se dedicó a la limpieza de casas. No puede olvidar tampoco a Ramón. Un conductor experimentado, siempre llegaba a tiempo, a pesar de llevar unos cuantos años, ningún herido había fallecido en su ambulancia, el día que un joven de 14 años con un golpe en la cabeza al caer de la bicicleta falleció, se sintió culpable, al no poder circular más deprisa por problemas de tráfico. Fue su final. No pudo superar esa tragedia y su memoria le perseguía constantemente cuestionándose el mismo, si estaba capacitado para realizar ese trabajo, los psicólogos consiguieron recuperarlo y actualmente continua en activo. Muchos dejaron el trabajo por no poder superar la tristeza de presenciar diariamente la perdida de vidas, cuando su actuación acaba con la salvación, estaban contentos, pero en el siguiente servicio podía volver la tragedia. Hoy Juan se está acordando de todos, y se estaba acordando porque está en el suelo atendido por su compañero, al llegar a un accidente, salió rápidamente de la ambulancia y un coche saltándose todas las señales, le arroyo, el golpe fue casi mortal, su experiencia le decía que al día siguiente sería un número en las estadísticas de fallecidos en carretera. Las noticias de los periódicos al día siguiente era concisa y clara. —conductor de ambulancias atropellado por un joven que dio positivo en alcohol y drogas, sus compañeros no pudieron hacer nada por salvar su vida, deja viuda y tres hijos—

CAOS EN LA FIRA



 
Como cada año en el mes de septiembre desde hace bastantes años. La localidad costera celebra la feria del pueblo, una feria que coincide con la fiesta mayor, esos días el pueblo es muy visitado por gentes de muchos pueblos cercanos. Como casi cada año se esperaban lluvias para algún día de la feria, muchos años las lluvias fueron tan intensas que el pánico cundía entre los visitantes. Una cosa se estaba silenciando, durante los días de fiestas las apariciones paranormales eran frecuentes en las noches, varios vigilantes las vieron, los organizadores les hicieron jurar que no comentarían nada con nadie, querían evitar a toda costa que bajara la afluencia de visitantes. Este año se preparaba algo especial, se cambió un poco la feria que estaba a la baja, intentando reanimarla, se invitaban a varias ciudades de distintos lugares de la nación, una de esas ciudades traían caballos para lucirlos durante la fiesta, el primer día los vigilantes de noche notaron a los caballos muy alterados, se movían mucho intentando salir del recinto, las luces se apagaron durante unos segundos, el guardia pudo ver con claridad como unas figuras luminosas estaban entre los árboles, pasados esos segundos se normalizó, . Aunque los caballos continuaban inquietos. Se escuchaban lamentos durante toda la noche, nadie quería reconocer que las visitas paranormales eran habituales. El tercer día siempre era el que atraía más visitantes, ese año no era menos, largas colas para entrar, todo el mundo tenía ganas de ver la nueva feria del pueblo costero. La noticia empezó a correr como la pólvora por la feria, un terremoto de magnitud 8 había sucedido hace pocas horas en la isla cercana de Mallorca, algunos decían que incluso lo habían sentido mientras visitaban la feria, las alarmas empezaron a sonar, el temblor de tierra, había provocado un tsunami, en pocos minutos llegaría a la costa, mientras el fenómeno se acercaba, las apariciones paranormales se intensificaron, los fantasmas espantaban a los visitantes creando un caos indescriptible, tiraban ramas de los árboles, abrieron la puerta de los caballos que no paraban de correr por la feria, la gente intentaba huir, justo en el momento que empezaba a llover fuertemente, todo el mundo se hacía la misma pregunta. —¿podremos escapar de esta doble amenaza?— El tsunami ya era visible acercándose a la costa, las apariciones se volvieron violentas, incluso golpeaban a las personas que corrían horrorizadas, algunos de los expositores intentaban salvar el género que tenían, algo imposible viendo la ola que se acercaba. La ola ya estaba allí, empezó a arrastrar todo lo que encontraba a su paso, los más fuertes lograron encontrar refugio en las copas de los árboles, a la mayoría no les sirvió de mucho el agua, arranco los viejos árboles que no pudieron oponer gran resistencia, los que aguantaron agarrados a los árboles sintieron el pánico de las apariciones que les obligaban a soltarse y dejarse llevar por la ola. Un grupo de excursionistas que ese día visitaban la feria, viendo lo sucedido desde un edificio cercano donde se pudieron refugiar, los más pequeños lloraban desconsoladamente, los mayores viendo la muerte tan cerca intentaban calmarlos cantando la canción: La vall del riu vermell. Justo cuando el tsunami se alejaba, una fuerte lluvia empezó a caer sobre el desastre, la lluvia haría más difícil el rescate, curiosamente las apariciones desaparecieron, lo bueno de esa lluvia que alivio el calor y la humedad sofocante que había precedido al desastre natural y paranormal de esa feria. Se tardaron tres años el volver a tener normalidad en el pueblo pesquero, la historia siempre recordará aquel verano del 23.

FINAL MISTERIOSO


 La vida de Carlos transcurría como la de muchos jóvenes: salidas con amigos, partidos de fútbol con el equipo de la ciudad. Era uno de los más valorados por todos gracias a su facilidad para marcar goles.

Todo era bastante normal en su vida, hasta que un día se cruzaron sus ojos con los de Marta. Ella solía asistir a los partidos de fútbol para acompañar a su amiga Sofía, cuyo novio también jugaba en el mismo equipo. Carlos no dudó en preguntarle a su compañero de equipo quién era ella. — ¿Cómo se llama?— preguntó. —Marta, se llama Marta - respondió su compañero. —¿Tienes novio? - preguntó Carlos. —Creo que no. ¿Te gusta? — — La verdad es que si, la encuentro una chica hermosa y misteriosa.— Después de ducharse, Carlos consiguió que la novia de su compañero los presentara. — Carlos, mi amiga se llama Marta — dijo la novia. —Marta, él es Carlos — agregó su compañero. —chicos os dejamos, nosotros nos marchamos - dijo la otra pareja mientras desaparecían en un coche deportivo. Ellos continuaron caminando en dirección al centro de la ciudad. Durante varios días, era habitual verlos caminar juntos- A veces se sentaban en un parque solitario y pasaban un par de horas charlando, hasta que un día él se acercó lentamente a los labios de ella, fundiéndose en su primer beso. Se fueron conociendo a fondo, cada uno compartiendo detalles de su vida para darse a descubrir los misterios de sus vidas. Ella provenía de una familia adinerada, pero poco más sabía sobre su familia. Un día, un amigo le informó sobre quién era el padre de Marta. —Su padre es Ricardo Conti, un narcotraficante muy conocido en Italia — confesó su amigo. Al enterarse de esta noticia, su amor por ella se fortaleció y decidió seguir adelante. El padre de Marta se enteró de las salidas de su hija con un joven de la ciudad, y esto no le hizo ninguna gracia. Él quería para su hija un hombre con título nobiliario. Como persona sin escrúpulos que era, sabía que Carlos debía desaparecer de la vida de su hija para siempre. Tenía tanto poder y riqueza que se permitía controlar las vidas de todos los que querían. De esta manera, intento eliminar a Carlos por ser una amenaza para su imperio y la seguridad de su familia. La vida de Carlos se llenó de extrañas persecuciones y coincidencias que pusieron en peligro su vida. Ricardo Conti no dudó en utilizar a sus hombres de confianza para hacer desaparecer a ese joven engreído que quería hacer desgraciada a su hija. Los anónimos que recibió Carlos eran claros. —Si no dejas de ver a Marta, tus padres no te volverán a ver a ti— A pesar de sentir miedo, Carlos no estaba dispuesto a dejarse amedrentar por esa gentuza. Esa noche quedó con ella y le contaría todo, después se marcharían juntos de allí si ella quería. La noche era lluviosa y tormentosa. La pareja se encontró en un rincón solitario y apartado del pueblo. Él le contó sus sospechas. — Lo sabía, sabía que mi padre no te aceptaría, igual que no aceptó a ningún otro que se me acercara — confesó ella. —¿Qué quieres decir? — preguntó Carlos. Tuve algún amor anterior a ti, y misteriosamente desapareció. Nunca volvió a aparecer. A pesar de que la policía los busco por tierra, mar y aire. El destino tiene sus propios aviones y esta vez se presentó en forma de accidente. Un coche fuera de control se estrelló contra una farola cercana, desencadenando una explosión que llenó el aire de caos y destrucción. En un gesto de valentía, Carlos se lanzó sobre Marta para protegerla de los impactos y el fuego que resultó del accidente. Ella consiguió salvar la vida, pero él murió por protegerla. Marta quedó destrozada por la pérdida de su amor. En su corazón, él dejó una marca imborrable y nunca lo olvidaría. La ciudad quedó envuelta en un halo de misterio y tristeza. La muerte de Carlos no solo fue una tragedia personal, sino que también reveló la oscuridad que se escondía detrás de algunos muros aparentemente normales. Entre los muros de una casa, se encontraron los cuerpos de varios jóvenes desaparecidos. Marta declaró todo lo que sabía sobre su padre, Ricardo Conti, quien fue detenido y encarcelado. La historia de Carlos y Marta se convirtió en una leyenda local, una historia de amor y sacrificio que perdura en el tiempo.

CRISTALES ROTOS


 Jacinta es una mujer de mediana edad, unos 45 años, se casó en su juventud cuando tenía apenas 18 años, su primera hija nació con un síndrome extraño, la muerte le sucedió cuando apenas tenía ocho años, la madre entro en una profunda depresión, a pesar de ser esperado el desenlace, que solo fue superado con un nuevo embarazo.

Nueve meses después nacieron las gemelas, Ana y Rosa, dos hermosas niñas que le hicieron olvidad a la pequeña que perdió, nacieron con una salud de hierro, el miedo de los padres de que le sucediera lo mismo siempre estaba presente. Los padres sobreprotegian a las niñas, nunca las dejaban solas, siempre vigilándolas. —niñas no salgáis a la calle solas— —cuidado a la hora del patio como jugáis que no os ganan daño— Siempre avisándoles de cualquier peligro, el miedo los tenía aterrorizados, no querían perder a sus hijas. A la edad de siete años, sucedió lo inevitable, después de una discusión entre hermanos, una de ellas tiro un objeto hacia la ventana, como consecuencia rotura del cristal. Los padres se asustaron al escuchar el ruido, al entrar en la habitación quedaron horrorizados, el cristal se derrumbó sobre las dos hermanas, estaban desangradas por completo, fueron pocos minutos pero los suficientes para fallecer. El entierro fue multitudinario, todos los vecinos les apoyaron en el difícil trance de despedir a sus dos hijas, era demasiado doloroso, los fantasmas de su anterior hija volvían a sus cabezas. El dolor era tan grande que apenas lo único que hacían era respirar, después de una visita al psicólogo, este les animo a que se volvieran a quedar embarazados, les ayudaría a sobreponerse al dolor que les estaba matando- Siguiendo los consejos del psicólogo a los dos meses Jacinta volvió a quedar embarazada, pasaron los meses, llegado el día del parto, esperaban con impaciencia, no sabían de qué sexo eran la criatura. Fue algo inesperado, nacieron dos preciosas niñas, cada día que pasaba el parecido con las fallecidas era mayor. Tenían los mismos rasgos, hacían los mismos gestos, eran idénticas, lógicamente el miedo a perderlas otra vez era más grande, casi nunca las dejaban solas jugando, el recuerdo de las anteriores les producía desasosiego. Trece de noviembre, fue otro día para no olvidar, las gemelas estaban jugando solas, y......................... volvió a suceder. Un fuerte golpe en los cristales hacía presagiar otra desgracia, los padres acudieron corriendo hacia la habitación. Las dos niñas estaban cerca de una pared, alejadas de los cristales rotos. —Quedaros quietas, hay no os acerquéis—comento la madre —Estáis bien—pregunto el padre —sí, ya nos desangramos una vez, no nos volverá a suceder—respondieron las niñas Los padres se miraron y el corazón parecía que se les saldría del pecho. ¿Por qué dijeron ese comentario? ¿Existe la reencarnación?

TE ESTOY ESCUCHANDO


 Toda la familia estaba, esperando el fatal desenlace, solo una persona no estaba preparada para dejar este mundo, él. Precisamente el que se tenía que marchar, no estaba preparado para hacerlo.

La familia fue llegando poco a poco a la casa del futuro difunto, hacía dos semanas que no abría los ojos, no hablaba y por supuesto no se movía. Continuamente había mínimo dos personas junto a él, en el fondo no querían que partiera, pero vista la situación seguramente era lo mejor para todos, la medicación por vena lo tenía sedado. A pesar de la medicación y su estado, un sentido, si le funcionaba, el oído. Estaba escuchando todo lo que se hablaba a su alrededor, su esposa junto a la hermana hablaban. —Le pido a dios que se lo lleve ya, que dejemos de sufrir todos.— —mi hermano era fuerte y seguro que no quiere abandonarnos— —el médico me dijo que si salía de esta quedaría como un vegetal— Este comentario hizo que los monitores del enfermo se dispararan. —parece que el momento llego—comento la hermana al ver los monitores —mejor, yo no puedo vivir más tiempo de esta manera— ¿Mejor? pensó el enfermo, siendo plenamente consciente de lo que escuchaba.
El que lucho siempre por darle lo mejor a la familia, que cuando ella estuvo al borde de la muerte por un cáncer, movió cielo y tierra para que se curara. Al final se curó de eso hace más de diez años, el que pidió préstamos para que se salvara y lo consiguió, que tuvo que pagar esos préstamos con su sudor trabajando en dos fábricas cada día, incluyendo los fines de semana.
Ahora lo mejor era que se marchara ya.
Justo cuando escucho la última frase de boca de su esposa, la luz al final del túnel se iluminó, de ella salía una figura grande con barbas muy pobladas, era una imagen perfecta de lo que le enseñaron que era san pedro. —preparado—pregunto la aparición —no, no estoy preparado, tengo algo que hacer todavía en este mundo, déjame un tiempo más, solo unas horas— —que quieres solucionar en unas horas si no lo pudiste hacer en vida plena— —quiero que sus palabras se vuelvan en contra de ellos— —no te puedo ayudar a que consigas nada, pero te concederé dos horas y un poco de fuerza para que soluciones tus amarres con la humanidad— Acabando de hablar, la luz se apagó y él pudo estar plenamente consciente de lo que sucedía a su alrededor. La esposa y la hermana continuaban junto a su cuerpo, todavía latente. —voy a comer algo, que este parece que no nos quiere dejar descansar, siempre dando trabajo—comento la hermana —ves tranquila, ya me quedo yo con él, por lo menos esta vez no me pedirá nada— La hermana salió de la habitación dejando al matrimonio a solas. —porque no te mueres de una vez y me dejas vivir tranquila ya, le repetía una y otra vez mientras daba vueltas alrededor de la cama. Cada vez que escuchaba esa frase, los monitores se aceleraban. Dando la sensación de que estaba entrando en tensión. Algo improbable, según los médicos, en esos momentos era un vegetal. Pero era un vegetal con oídos y sentimientos, en este momento cargado de furia contra su compañera de años. Ella seguía repitiendo la frase, algo estaba pasando en aquella habitación, la ventana se abrió por un golpe de aire, empezó llover fuertemente en el exterior, los truenos sonaban fuertemente y los rayos iluminaban los alrededores de la casa de campo. Justo en el momento que la hermana abrió la puerta para volver a entrar, un fogonazo entro por la ventana.
El rayo causó la muerte de la esposa del enfermo. —cariño porque miras de esa manera que a pasado—le pregunto a su marido —Querías que me muriera y te dejara vivir feliz y tranquila, ahora vivirás tranquila, pero no donde tú soñabas— No pudo ni acabar de hablar, la luz al final del túnel se encendió, justo en el momento que los monitores de su cuerpo se pararon. —Vámonos, ya estoy en paz— Las dos figuras atravesaron el arco de luz, mientras en la habitación intentaban comprender que paso.

EXTRAÑAS LEYES


 

Muchas veces solía cargar carburante en la gasolinera a la cual se estaba acercando con una idea fija en la cabeza, no veía solución a sus problemas y lo que se le ocurrió hace unos días cree que es la última posibilidad de que le escuchen.

Todo empezó hace tres años, a su madre le diagnosticaron una enfermedad muscular degenerativa, no tenía cura, poco a poco se iría apagando como una vela sin oxígeno, solo le esperaba la muerte.

Después de varias consultas a diferentes doctores, el diagnóstico siempre era el mismo, Distrofia Muscular De Duchenne, esta enfermedad se suele dar en niños de corta edad, pero su madre tenía ya 70 años, con suerte le daban dos años más de vida.

Cuando le confirmaron el diagnóstico, tomo la decisión, dejaría su piso temporalmente y se iría a vivir con su madre que vivía de alquiler, los doctores le aconsejaron que no la sacaran de su entorno, eso es lo que hizo, dejo su vivienda temporalmente cerrada, y se fue a vivir a un pequeño piso junto a su madre.

Los primeros meses fueron muy duros para él, ver como su madre perdía toda la vitalidad, le apenaba, una mujer que saco a su hijo con su esfuerzo, trabajando todo lo que podía, ella tenía que doblar esfuerzos, su marido falleció cuando su hijo era todavía un bebe.

 Él veía a su madre llegar a casa agotada del trabajo y ponerse a preparar la cena, muchas horas las paso con las vecinas mientras su madre trabajaba.

No llego a dos años falleció a los 19 meses, después de todo el papeleo que le pedía la burocracia, pudo dar un entierro digno a su madre.

Al salir del cementerio se dirigió al piso que le dio cobijo junto a su madre los últimos meses de su vida, llamo al timbre de la planta baja, lugar donde vivía el propietario del piso.

 --lo siento mucho Mario, su madre era una gran persona—

--gracias señor Jenaro, vengo a traerle las llaves de la vivienda, y saber si le queda algún pago pendiente de mi madre—

--no, su madre siempre pagaba al día, nunca se atrasó—

 --bueno, pues me marcho. Las ropas y demás enseres de mi madre se los puede dar a Caritas, alguien los necesitará, estoy seguro, los pocos recuerdos que yo quería ya los tengo, muchas gracias por todo—

 con estas palabras se despidió y enfilo el camino de la estación, para regresar a su domicilio tenía ganas de volver a su hogar.

 Tres horas en el tren, con un trasbordo incluido, al fin, en su ciudad, las calles les parecieron más sucias que de costumbre.

 Al fin llego al bloque donde estaba su piso, un coqueto apartamento de 70 metros, entro en el ascensor y apretó con fuerza el tercer piso, el elevador ascendió con su clásico ruido.

 Abrió la puerta y algo le aterrorizo, la cerradura de su casa había sido forzada y cambiada por otra similar, en ese momento la vecina del piso de frente al suyo, salió al rellano.

 --Mario, intentamos localizarte para avisarte, desconocíamos donde estabas, ocuparon tu casa, cuando avisemos a la policía ya era tarde, llevaban una semana viviendo dentro—

 Se dirigió a la puerta apretando fuertemente el timbre, que sonó estrepitosamente, un chico de unos veinticinco años con el pelo lleno de rastas, abrió la puerta.

--que quiere usted—

--quiero que os larguéis de mi piso ahora mismo—

 --¿tu piso? Perdona es nuestro piso, tenemos unos derechos adquiridos y no nos marcharemos—

 Mario se abalanzó sobre él, okupa que de un portazo cerro la puerta. Muchas visitas a la policía, que solo le corroboraba que no los podía echar por las bravas.

 Muchos meses intentando desalojar a los okupas, sin fruto, un amigo le dejo vivir con él durante el tiempo que necesitara, el dinero se le estaba acabando, no podía ni colaborar en la compra de comida, con los diez euros que le quedaban se acercaba a la gasolinera, una garrafa en la mano derecha, se colocó frente a la caja y pidió diez euros en el surtidor cuatro.

 La dependienta diligente se apresuró a ejecutar el pedido.

--ya lo tiene, ¿se quedó sin gasolina en el auto?—

--si, si eso es lo que me paso—

 con la garrafa ya llena, encamino sus pasos hacia el ayuntamiento, una vez frente a él, abrió el envase y se roció del carburante todo el cuerpo, la gente que en ese momento pasaban al notar el fuerte olor se separaban de él, los curiosos empezaron a pararse alrededor a pesar del peligro que suponía.

Mario sacó una hoja de papel y con voz firme empezó su lectura.

 

 “”Ya que las leyes y los jueces no nos amparan con esta protesta quiero pedirles que no permitan más estos atropellos, yo acabo de perder a mi madre, ahora me voy a reunir con ella, espero que su conciencia no les deje vivir en paz nunca””

Acabada la frase, saco un encendedor del bolsillo y sin que nadie pudiera evitarlo lo encendió, produciendo una llamarada de varios metros de alto, cuando alguien con un extintor intento apagar la antorcha humana, era tarde, Mario ya voló junto a su madre, los vecinos del piso de Mario entraron por la fuerza expulsando a los okupas, pero ya era tarde la reacción de la sociedad, los jueces y políticos tiene que llegar antes de que otros Marios sigan el camino.

AUTOBUS :245


 Entre por una de las puertas de la estación de autobuses, mucha gente unos esperando que partiera su bus, otros esperando a alguno que regresaba a la ciudad, era muy curioso ver el tipo de personas que esperan, no sueles ver gente elegante, la mayoría somos gente normal que elegimos este medio de transporte por su precio, es más económico que el resto.

Después de media hora esperando, en los paneles pusieron el número de mi transporte. BUS: 245 DESTINO:Ayamonte, Huelva HORA:18,30 ESTACIONADO:parada 13 Bueno, ya sabia donde montarme, el número de parada no me hizo mucha gracia. Aunque no soy muy supersticioso. Fuimos subiendo todos los pasajeros tranquilamente, a mí me toco una chica un poco obesa, y yo que también lo soy, sería un viaje un poco incómodo para los dos. Una fila más adelante, una pareja, que por todos los arrumacos que se deparaban eran recién casados o hacía poco tiempo que eran pareja. Justo detrás del conductor, un hombre bastante dejado en su aspecto físico y con la ropa muy sucia, también una madre con su hijo de corta edad, unos jóvenes bulliciosos en la parte trasera, todo el autobús lleno. Según mis cálculos eran 17 horas de viaje, y con huelga en las estaciones de servicio, todo cerrado, surtidores, cafeterías y tiendas. Uno de los conductores nos dio la bienvenida. --Buenas tardes, son las seis y media, en unos segundos emprenderemos la marcha, no podremos parar en ninguna gasolinera porque están todas cerradas por la huelga, esperemos que no surja ningún problema más durante el trayecto, gracias por viajar con nosotros-- El billete del bus era barato, solo 20 €, pero estaba en buenas condiciones a pesar de los años que parecía tener.
Llevábamos más de dos horas de viaje y empezó el primer contratiempo, alguna persona necesitaba ir al baño, cosa totalmente imposible en el autobús, el conductor pidió un poco de paciencia, que más adelante saldríamos de la carretera y nos desviaríamos por una regional, donde podría parar unos momentos. Ese ratito se transformó en horas, tanto que yo me quede dormido, note un frenazo y que nos deteníamos en medio de la nada, una vieja carretera, rodeados por árboles y matorrales, todos los pasajeros fueron bajando para poder hacer sus necesidades, mire el reloj y eran las dos de la mañana, noche cerrada y luna llena. --por favor no se alejen mucho en diez minutos, emprendemos la marcha—comento uno de los choferes antes de bajar también. Nos fuimos desperdigando por la zona, los más atrevidos se introducían en el bosque, otros se alejaban lateralmente, en medio de la penumbra sonó un grito desgarrador. --ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh-- después silencio absoluto, entre los árboles la madre con el niño continuó buscando un lugar para hacer pipi ajena a todo, fue la última vez que la vimos. Intente localizar a alguno de los pasajeros, nada no se veía, nada solo oscuridad y silencio. Tengo que reconocer que sentí miedo, mucho miedo, nadie de los casi cincuenta pasajeros contestaba, la luz del autobús también se apagaron, la oscuridad era aún mayor. Intente guiarme en la oscuridad en dirección al bus, tropecé con algo y di de bruces al suelo, me incorpore y a tientas intente ver con lo que tropecé. ¡¡¡dios mío era un cuerpo!!!
Ya no tenía miedo, ahora tenía pánico, seguí mi camino mientras gritaba. --hola, alguien me escucha-- únicamente el silencio estaba presente, seguí avanzando y más cuerpos entorpecían el camino, todos estaban muertos, nadie contestaba a mis gritos y nadie más gritaba. No sabía que hacer, hacia donde ir, a lo lejos se escuchaba el sonido de agua, seguramente un río, yo me sentía más seguro si conseguía llegar al camino donde paro el autobús y entrar en él. Al fin vislumbré la silueta del transporte, todo oscuridad, el motor parado ningún movimiento en los alrededores, volví a chillar fuertemente. --donde estáis, no hay nadie-- nada, ninguna respuesta, recordé que al bajar uno de los conductores se quedó al volante, tenían orden de no abandonar el vehículo durante el trayecto. Seguramente estaba dentro y no escuchaba mis gritos. La puerta estaba abierta, mire hacia el lugar del chofer, que horror estaba con la cabeza apoyada en el volante con un gran corte en el cuello. No sabía que hacer, me esconderé entre los asientos, nadie me podrá ver, cuando amanezca puedo pedir ayuda. Cuando avance hacia la parte trasera, una voz sonó fuertemente. --buenas noches, te estaba esperando-- una linterna me alumbro a los ojos, impidiéndome ver quien era. --has tardado mucho, pensé que no volverías jajajaaja-- --quien eres, que quieres-- la linterna ahora se dirigió a la cara del que la sostenía en su mano. Con parsimonia se iluminó su rostro. Era el hombre con ropaje sucio y desaliñado. --que quieres, porque lo has hecho—pregunte --hace tres años, no me dejaron viajar en este autobús, me obligaron a bajar y riéndose de mí, me dejaron en medio de un descampado como este, jure que la siguiente vez que viajara acabaría con todos los ocupantes y hoy es el día, solo quedas tú y será por poco tiempo—comento mientras empuñaba un cuchillo de grandes dimensiones. Fue lo último que dijo, le golpee con una piedra que encontré antes de subir al autobús, también murió, al día siguiente la policía me encontró dormido y en todo los alrededores los casi cincuenta muertos. La policía me interrogo una y otra vez, era el único superviviente, después de varios meses dejaron de molestarmeL.
Hoy estoy esperando el autobús con destino a Ayamonte otra vez, espero que esta vez sea más fácil y no tenga que usar tanta fuerza, acabe agotado.

AVISOS HORARIOS


 Como cada año la familia se reunía para celebrar el cumpleaños del patriarca, el señor Ramón.

Es como le llamaban la mayoría de vecinos y conocido señor Ramón, el señor delante del nombre era muy acertado. Ramón estaba casado con Conchita, todo el mundo en el pueblo lo apreciaba mucho. Esa noche vendrían a cenar con ellos sus hijos, Montserrat y Agustín. Como solía suceder desde que abandonaron el nido los hijos, ese día estaba reservado para la familia, siempre se reunían los cuatro para cenar, todo lo preparaba Conchita, que desde la mañana no paraba de preparar cosas para agasajar a sus hijos. Por la mañana se levantó un poco más tarde de lo normal, el despertador estaba parado a las 7,15 de la mañana, antes de sonar. Ese pequeño retraso no le impidió realizar todas las cosas que tenía en mente para la cena. Ramón, como cada año, les tenía preparada una sorpresa para sus hijos (él siempre decía que no quería regalos, que prefería tener un detalle con ellos por poder celebrarlo juntos). Algunos años les obsequiaba con ingresos en sus cuentas. --el dinero que tengo a mí ya no me sirve, prefiero dárselo a mis hijos y que lo disfruten—solía comentar. Se acercaba la noche y los padres estaban nerviosos esperando a sus hijos, ninguno de los dos estaba casado ni tenía pareja. Sonó el timbre y corrieron Ramón y Conchita, para abrirles y darles los primeros achuchones –buenas noches-- gritaron al unísono los dos hermanos Conchita fue la primera en abrazarlos, después Ramón la siguió. --cuantas ganas de volver a veros—siempre repetía lo mismo la madre, a pesar de verlos semanalmente, porque se desplazaban casi cada semana para estar un rato con sus padres --mama no digas esas cosas, ya sabes que siempre que podemos venimos mi hermano o yo---replico Montserrat --tenéis razón, pero es que os añoro tanto-- --cuando vais a venir acompañados—soltó Ramón --ya sabes papa que eso son palabras mayores, estamos bien y eso es lo importante--respondio Agustin los padres tenían ganas de que tuvieran pareja y poder reunir más gente en la mesa, ellos estaban solo por la labor de acabar sus correspondientes carreras y después estabilizarse, antes de formar una familia. Soñaban los dos con formar una familia como la de sus padres, siempre encontraron amor y ayuda en esa casa todo el que se acercaba. Mama tienes el reloj de cuco parado a las 7,15 acuérdate de darle cuerda y ponerlo en hora. --si no te preocupes de que lo pondré en hora más tarde. Después de cenar y como cada año llegaba la entrega del regalo que les hacía Ramón y Conchita. --Queridos hijos, cada año os hago un regalo, casi siempre económico, esta vez será diferente hace siete años que marchasteis de casa a vivir vuestra vida y nosotros nos alegramos, también hace quince que falleció vuestro hermano, como él siempre comentaba que quería conocer Paris, y ya que desgraciadamente no será posible, aquí tenéis dos pasajes para la ciudad de la luz, con las consiguientes reservas en los hoteles. --estos pasajes son para dentro de un rato—interrogo el hijo- --no puede ser, tenemos que trabajar mañana-- --tranquilos, una parte de la sorpresa es que ya hable con vuestros jefes y está todo solucionado --pero papa como hiciste eso—lloraban los dos de alegría. --como soléis tener ropa en casa, mama ya os preparo las maletas-- los dos hermanos estaban supercontentos. --tenemos que marcharnos a descansar, el vuelo es a las 7,15 de la mañana, tenemos que estar un par de horas antes para facturar—comento la pequeña de la familia. ---hijos, quiero que tengáis un gran recuerdo de esa ciudad, vuestro hermano siempre soñó con ir un día, vosotros seréis sus ojos, recordadlo, todo es en su memoria--- --lo sabemos, tendremos a nuestro hermano siempre en el pensamiento durante el viaje-- los cuatro se marcharon a descansar, pero la verdad es que durmieron poco los nervios no les dejaron pegar ojo. A las 3,15 todo el mundo se levantaba en la casa, un poco de café caliente y alguna magdalena para meterle algo en el cuerpo Ramón saco el coche del garaje para acompañar a sus hijos al aeropuerto, el equipaje ya lo dejaron en el maletero la noche anterior, todos contentos y un poco tristes porque el tercer viajero no podía estar. Durante el trayecto, ya que se acercaban al aeropuerto, una gran caravana impedía ir más deprisa. --raro esta retención—comento el padre --parece que hay un accidente un poco más adelante—comento el hijo la caravana avanzaba muy lentamente, eran las 4,15,suerte que salieron con tiempo, la madre daba cabezadas y no se enteró de lo que comentaban. Al pasar cerca del accidente, Conchita abrió los ojos y se espantó mientras estaban pasando junto a los coches accidentados, le causo una sensación de repugnancia y tristeza cuando vio dos cuerpos tapados con unas mantas, habían fallecido en el accidente, le sorprendió que el coche era el mismo modelo que el suyo, y lo que más le llamo la atención era el reloj del salpicadero marcaba las 7,15. Una vez pasado el accidente ya se divisaba la entrada al aeropuerto, aparcaron en uno de los grandes parkings y acompañaron a sus hijos hasta el lugar de facturación. Un rato charlando y tomando un café en la cafetería, les ayudo a hacer más llevadero el tiempo de espera, abrieron la puerta de embarque y empezaron a entrar los pasajeros, todos con caras de felicidad, los hijos se despidieron de sus padres y entraron en el avión. Los padres recogieron el coche y abandonaron el aeropuerto, estaban felices de poder hacer felices a sus hijos. El avión de Air France, cerro puertas y enfilo el principio de la pista de aterrizaje. Ramón y Conchita regresaban por la misma carretera que anteriormente les llevo al aeropuerto, parece que todo está normalizado. --Air France 747,destino Paris, puede comenzar las maniobras de despegue, pista libre adelante y buen viaje-- --gracias torre de control, iniciamos despegue-- 7,14 de la mañana las turbinas se revolucionan para despegar, los motores rugen atronadoramente. --7,14 este sol mañanero molesta mucho la visibilidad para conducir—comento Ramón --buenos días, pasajeros son las 7,16 de la mañana, temperatura que nos espera en Paris 20 grados disfruten del viaje, las azafatas les proporcionaran un pequeño refrigerio gracias, pueden desabrocharse los cinturones. Las ambulancias y bomberos llegaron rápidamente al lugar de los hechos, un camión arroyo a un coche que volvía del aeropuerto, los dos ocupantes murieron el acto, todo sucedió a las 7,15 de la mañana, es lo que les contaron a sus hijos, durante el reconocimiento de los cuerpos.

HORROR EN EL ANDAMIO 3ª PARTE


 La redacción de la carta era muy clara. “”señora Maria Fernanda, no pudo decirle quien soy, mi miedo es muy grande, me enviarían para mi país si el patrón descubre, que soy yo el que le escribió esta carta, su esposo Walter falleció en el trabajo, yo formaba parte de la cuadrilla que estábamos trabajando, no se crea lo que el patrón está haciendo correr de boca en boca, su marido no entro a robar nada, su marido era una persona muy trabajadora y amaba mucho a su hija, a usted también, siempre nos hablaba de ustedes en el descanso para almorzar, la empresa está situada en el pueblo de Tordera cerca del lugar donde ocurrió el fallecimiento póngalo en manos de la policía, el patrón y su hijo tienen que pagar por lo que hicieron, no descanse hasta que Walter pueda descansar el sueño eterno, me gustaría ayudarla más, pero tengo mucho miedo y también quiero que se haga justicia, D.E., P, amigo Walter.”” Maria Fernanda, con la carta en la mano, no podía parar de llorar mientras abrazaba a su hija, que era el vivo retrato de su padre, acariciandole el pelo negro azabache. Con la carta en la mano se dirigió a la comisaria de policía más cercana, uno de los vecinos que la vio caminando por el arcén de la carretera, paro para recogerla y llevarla a su destino en Blanes. En la puerta de la comisaria un Mosso le pregunto si tenía algún problema, viendo los rastros de llanto en su rostro. --si quiero denunciar que han matado a mi marido-- --tranquilícese entre conmigo en un despacho que hablaremos tranquilamente-- el mosso escucho toda la descripción de lo sucedido, cuando acabo le pidió que esperara un momento que llamaría al sargento de guardia. --sargento, tenemos un hilo para cerrar un caso con detenciones-- --de que se trata—pregunto el sargento --una vez acabado el relato, ambos se dirigieron a la sala donde estaba la esposa de Walter, que nerviosa les enseñaba la nota que le llego. --no se preocupe, señora, ¿cómo me dijo que se llamaba?-- --Maria Fernanda—respondió entre sollozos --aunque tengamos que hacer venir al comisario mayor, su caso se resolverá, no lo dude-- una vez acabada su declaración una de las chicas policías la llevo hasta su casa, no sin antes advertirle. --no diga nada a nadie de la carta, es muy importante que nadie lo sepa-- --no se preocupe, nadie sabrá nada de la carta, pero por favor encuentre a la persona que dejo morir a mi marido-- AL día siguiente un coche patrulla se acercó a la calle donde estaba la sede de la empresa COARC. S. A propiedad del Francisco arquelles y Rodrigo arquelles padre e hijo. Sonó un estruendoso timbre, ringggg, por el interfono se escuchó una voz muy seca. --¿quién es?-- --policía Mossos queremos hablar con los propietarios-- una vez abierta la puerta los nervios eran patentes en padre e hijo, la policía hizo la entrada en el despacho. --buenos días, son ustedes Francisco y Rodrigo arquelles –pregunto el cabo --sí que desean –contesto el hijo --vallamos al grano, tienen ustedes un problema muy gordo, una persona está dispuesta a testificar que el fallecido Walter estaba contratado en su empresa cuando sucedió el accidente mortal--- padre e hijo se miraron con evidente nerviosismo, desconocían que solo era un intento de la policía para qué se declaran culpables. --si, pero mi padre no lo sabía, fui yo el que saque el cuerpo de la obra para no tener problemas – intento salvar al padre del problema --tendrán que acompañarme los dos a comisaria para hacer la declaración y avisen a su abogado si lo tienen-- la jugada le salió bien a la policía, se desmoronaron a la primera, varias horas después ante las preguntas del inspector relato lo sucedido, aunque lo que no estaba claro era la parte de culpa del padre. Varios meses después llego la hora del juicio, unos momentos antes de entrar a la sala, el abogado de Francisco y Rodrigo pidió hablar con la demandante y su abogado. --aquí tiene un cheque, diga la cantidad que quiere que pongan mis defendidos y que se acabe todo aquí-- --un momento que hable con mi cliente—solicito el abogado de Maria Fernanda --le ofrecen el dinero que usted pida para olvidarnos del juicio-- --yo quiero que paguen su fechoría-- --la entiendo, pero posiblemente, solo le caerán un par de años como mucho-- --que me aconseja usted abogado-- saque lo máximo que pueda, su marido no volverá a la vida de ninguna de las maneras, usted, en cambio, podrá darle una vida decente a su hija-- --de acuerdo pídales un millón de euros-- --mi cliente pide para que se termine este asunto un millón de euros-- --esta loca esa mujer un millón de euros—contesto el hijo --bueno si no les parece bien, el juez dictara sentencia-- Francisco y Rodrigo hicieron un aparte para hablar. --hijo, es casi toda nuestra fortuna que hacemos-- --pagar papa, es eso o a la prisión iremos los dos y posiblemente el juez todavía nos pondrá una sanción económica más fuerte, hay que aceptar--- --de acuerdo, le daremos lo que pide-- acabados los tramites en el juzgado salieron padre e hijo con su abogado por una puerta y Maria Fernanda y el suyo por otra, ella llevaba el cheque en la mano, mientras pedía perdón mirando al cielo, por no conseguir justicia, aunque sabía que Walter la perdonaría, tendrían una vida tranquila ella y su hija. A pesar de no entrar en la cárcel, Rodrigo el hijo no podía descansar ni de día ni de noche, la conciencia no le dejaba, sentía mucha pena por lo que hizo, pasados unos años del acuerdo en el juicio, una mañana salió a caminar por el bosque con una cuerda en la mano, fue la última vez que le vieron con vida, al día siguiente una persona que paseaba a su perro por el bosque lo encontró colgado de una rama del frondoso árbol. En él más alla si existe algo, seguro que se encontraría con Walter, y le pediría perdón por su acto cobarde. Francisco, el padre, enterró en solitario y con mucha pena a su hijo, intento seguir con la empresa, pero los tiempos no eran buenos, la empresa producía perdidas y toda la familia le dio la espalda desde el triste suceso, toda la vida trabajando para encauzar el futuro familiar y ahora estaba solo, más solo que las ratas, nadie se acercaba a él para darle unas palabras de ánimo, nadie absolutamente nadie, tomo la decisión en un momento de tristeza por todo lo sucedido. El Currusco, era un drogadicto de la zona y para pagarse su droga se dedicaba a pequeños trapicheos. --aquí tiene las jeringuillas y el caballo que me pidió señor Francisco-- gracias, aquí tienes los 500 euros que te prometí y estos 200 para ti, cuídate y aléjate de problemas y sobre todo no hagas daño a nadie. El Currusco no entendía nada, pero estaba contento por el dinero que se acababa de ganar. Francisco por la mañana temprano enfilo el mismo bosque en el cual fue encontrado su hijo, una vez bajo el mismo árbol que su hijo se colgó, él se sentó en el suelo, extrajo una jeringuilla llenándola a tope de todo lo que le cabía, sabía que con esa cantidad no saldría con vida, mucha cantidad y bastante pura, acabaría su vida con sobredosis de heroína. La mujer que paseaba por el bosque encontró el cuerpo con la jeringuilla en su brazo, la ayuda sanitaria fue rápida, consiguieron salvarlo, pero su cerebro quedo tocado, no pudo reunirse con su hijo y Walter, solo repetía una frase en la locura que le quedo como recuerdo de su primera y única vez con las drogas. --Cuidado con el andamio, los fantasmas lo protegen.--

HORROR EN EL ANDAMIO 1ª parte


  Seis de la mañana en Figueras, un pueblo de la provincia de Girona, cercano unos cuarenta kilómetros de Francia, la tramontana está presente, igual que prácticamente todos los días del año.

Cuatro personas esperan la furgoneta que los llevara a trabajar a una localidad del Maresme. Todos ellos provienen de algún lugar de Sudamérica, llegaron a España a buscarse la vida y ganar dinero (“plata” como le llaman ellos) encontraron trabajo en la construcción y eso les hacía sentirse personas válidas, hoy será el primer día de trabajo en la costa. El frío les hacía abrocharse bien la chaqueta y calarse un gorro de lana, suerte que en su destino no estaría tan baja la temperatura. Las luces de la furgoneta aparecieron de repente al girar la esquina más cercana, parándose junto a ellos. El jefe, un hombre regordete con las mejillas sonrosadas, se bajó del auto para abrirles la puerta y que pudieran entrar, hoy les acompañaba el jefe, pero ya les dejo claro. --hoy os acompaño para enseñaros el sitio y asesoraros de todos los trabajos que realizaréis, nada que no esté en el planin de trabajo lo realizaréis sin mi consentimiento, todos los extras los tendré que cobrar aparte-- --¿y nosotros cobraremos más por esos extras?--pregunto Walter el mayor de ellos. Walter tenía 52 años, llego procedente de Ecuador con su mujer y una hija, trabajo en su país también en la construcción, era el más experimentado de todos ellos (en realidad era el único que tenía experiencia). --Walter, tú siempre incordiando, si continúas con esas cosas, posiblemente no te llame más para ningún trabajo—fue la seca respuesta del jefe, el furgón con los ocupantes paso cerca del museo Dalí, punto emblemático en esta localidad, Walter a pesar de llevar varios años en esta ciudad todavía no había visitado el tan nombrado y famoso museo. --jefe, ¿cuándo nos dará de alta en la seguridad social?---pregunto Walter --demasiado hago que os pago religiosamente cada semana, la vida está muy mal y no puedo permitir según que cosas-- --trabajamos en peligro cada día, los andamios son altos y continuamente tenemos que cargar muchos kilos, podemos tener un accidente en cualquier momento-- --Walter haz el favor de callar o asustaras a los muchachos--- el resto del camino lo hicieron en silencio, los más jóvenes aprovecharon el desplazamiento para hecha una cabezada. Walter y el resto de pasajeros de la furgoneta, bajaron con cara somnolienta y sus mochilas de trabajo junto con las fiambreras para comer en un alto al medio día en la faena. La obra ya estaba empezada hacía algún tiempo, la empresa que realizaba la construcción desapareció y lo dejo a medias todo. El jefe llamó a Walter y le explico todas las tareas que tenían que ejecutar. --Walter tú como encargado, tienes que revisar que todo acabe perfecto, no quiero problemas de ningún tipo, cada día cuando regreses a Figueras nos das el parte del día a mí o mi hijo que está en la oficina de la empresa-- --de acuerdo patrón, pero necesitamos más medios de protección no tenemos ni cascos-- --esas cosas son para inexpertos y miedosos tú eres un profesional-- --si patrón, pero nunca esta demás, consíganos algo por favor-- --ok, Walter no te preocupes la semana que viene las tendréis, pero quiero que la faena avance a buen ritmo-- al medio día pararon para comer. Los muchachos más jóvenes veían mucho trabajo por efectuar y poco tiempo para acabarlo. --no os preocupéis, lo conseguiremos—Walter era optimista la tarde, paso rápido y cuando el sol ya estaba escondiéndose por el oeste, recogieron las herramientas para regresar a Figueras con la furgoneta. --bueno, muchachos mañana ya sabéis, vendréis ya solos y quiero puntualidad y seriedad en el trabajo—de acuerdo patrón, respondieron los más jóvenes. Walter presentía que la obra sería más complicada de lo normal. La carretera estaba cerca, los camiones tendrían problemas para descargar y la presión sería mucha. Durante quince días, cada amanecer la misma rutina, recoger a los compañeros y desplazarse al lugar de la obra, a él le hizo gracia que un hospital estuviera cerca, en caso de accidente tendrían ayuda médica rápida, solamente estaban a unos 300 metros. La tercera semana de labor, empezó mal, una gran tormenta acompañada de la clásica tramuntana hacía presagiar que el día sería muy largo. Al llegar al sitio de la obra, por suerte ya no llovía, el tiempo era de un gris plomizo y ambiente muy gélido, si no empeoraba el día les tocaba trabajar en la fachada trasera del edificio. Hicieron una pausa para la comida, momento que Walter aprovechó para explicarles los últimos detalles que tenían que realizar al acabar el almuerzo. --hoy tiene que quedar acabado el andamio para que podamos trabajar en toda la fachada, no quiero despistes. Todos atentos ya sabéis que el patrón tiene malas pulgas y esta tarde vendrá junto a su hijo para supervisar la obra-- todos asintieron, acabaron de comer antes de lo habitual para poder terminar todo lo que quedaba. Walter se lo agradeció. –. Gracias, amigos sabía que podía contar con vosotros-- a pesar del frío día, ya estaba casi todo preparado para empezar a acabar la dichosa fachada. El jefe llegaba justo en el momento que Walter se enfilaba a lo más alto del andamio, cerro la puerta del coche justo en el momento que se escuchó un gran estruendo, sonó como un derrumbe de un edificio de hierros. Todos corrieron hacia la parte trasera del edificio, lugar de donde provenía el ensordecedor ruido. Lo que vieron fue terrible, un montón de hierros de lo que hacía un momento parecía un fuerte andamio, los rostros de todos ellos estaban pálidos. Que había pasado, y lo más importante para los compañeros, ¿dónde estaba Walter? CONTUNUARA

EL ULTIMO DIA

 Juana llevaba treinta y siete años viviendo en aquel piso, treinta y siete años pagando el alquiler sin retrasarse ni un solo día. Había ha...